Fabián Corral

Electores informados

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Jueves 26 de julio 2012
26 de July de 2012 00:01

Un discurso lleno de generalizaciones y cargado de emotividad política ha ensombrecido el debate en torno a la función de la prensa en la democracia y lo ha distanciado de los grandes temas que relacionan a la libertad con la vieja costumbre de “leer el periódico”. La reiteración de lugares comunes ha restado objetividad a tan importante asunto.

1.- Ciudadanos informados y democracia eficaz.

El tema de la libertad de expresión no se agota en los intereses de los medios. Tampoco es un asunto que se circunscriba al debate entre el poder político y los periodistas, como parece entenderse en el Ecuador. Es un problema mucho más arduo, extenso y complejo. En lo sustancial, es un capítulo de los derechos fundamentales, es nota distintiva de la democracia constitucional y condición esencial para su efectiva vigencia.

El ciudadano es depositario del poder y fuente de la legitimidad. No lo son ni los partidos ni los movimientos ni los líderes. Por tanto, para que la democracia sea una forma de vida, y un sistema político representativo y eficaz, se precisa que esos ciudadanos sean “electores informados” y verdaderamente libres. Solo la información y la opinión independientes dotan de contenidos efectivos a la capacidad de elegir de cada persona.

2.- El gobierno de la “opinión pública”.-

La democracia es gobierno de “opinión pública” y esta se forma, fortalece y sobrevive si el flujo de datos y opiniones sobre temas de interés general, su comprensión y los debates que se suscitan en su torno, provienen de fuentes objetivas, independientes de la ideología y del poder del gobierno y protegidas por mecanismos institucionales neutros, diseñados en la Constitución y en la ley y respetados por la autoridad. Giovanni Sartori decía que “la opinión debe ser libre, es decir, formada libremente. Elecciones libres con opiniones impuestas, no libres, no conducen a nada. Un pueblo soberano que no tiene propiamente nada que decir, sin opiniones propias, es un soberano vacío...”.

El Tribunal Constitucional español desarrolló la tesis de que “(…) el valor o bien jurídico protegido por la libertad de expresión e información es la existencia de una opinión pública, la cual es, a su vez, condición necesaria para el correcto funcionamiento de la democracia…De aquí que la libertad de expresión e información no sea solo un derecho de libertad –esto es, la facultad de exigir la no interferencia de los demás- sino que posea una importante dimensión institucional. Con ello se quiere poner de relieve cómo, incluso cuando no hay nadie individualmente afectado, la existencia efectiva de expresión e información libres es objetivamente valiosa para el conjunto de la sociedad”

3.- la necesidad: de que el pueblo ‘sepa’.-

La democracia se funda en el voto -opinión que entraña una opción política-, de allí la importancia de que la población “sepa” objetivamente lo que ocurre y conozca, desde diversas fuentes, la verdad de lo que el Gobierno, la oposición y los candidatos dicen y prometen. Esto se alcanza con medios de comunicación libres, de todas las ideologías y con información alternativa y opiniones discrepantes y respetuosas, que contribuyan a formar “conciencia electoral”. Solo entonces los votantes tienen vertientes de datos y conceptos que les permiten formarse visiones autónomas sobre las propuestas de los candidatos, o sobre las actuaciones de las autoridades. Esto es aún más importante en las llamadas “democracias plebiscitarias” extendidas en América Latina, y cuyos “éxitos” electorales derivan, precisamente, de la falta de información suficiente y alternativa y de los efectos de la propaganda sobre temas complejos que se someten a la decisión de la gente, apostando a su emotividad, a la función del carisma, o a los efectos de la demagogia. De allí la dimensión democrática y la utilidad social y política de la libertad de expresión e información. Y de allí también, como contrapartida, el afán de controlar a los medios de comunicación y de condicionar sus derechos, porque, medios, periodistas y agentes de información y opinión, constituyen, con sus virtudes y defectos, importantes alternativas en el proceso de formación de opinión pública autónoma.

4.- Libertad de opinión y el “poder en público”.-

Desde la invención de la república, el ejercicio del poder legítimo está vinculado con la transparencia y el develamiento constante de los actos del poder. Norberto Bobbio, el filósofo y jurista italiano, decía que: “La democracia es el intento de que el poder sea visible para todos; es, o debería ser, “poder en público”, aquella forma de gobierno en que la esfera del poder invisible se reduce el mínimo”. Esto solo es posible si existe, como fundamento de la cultura política y razón de ser de un sistema, la opinión pública libre y, por cierto, la prensa libre.

La democracia sin opinión pública libre es una ficción. Hannah Arendt, en su clásico ‘Los Orígenes del Totalitarismo’, escribió que “La única regla de la que uno puede estar seguro en un Estado totalitario es que, cuando más visibles son los organismos del Gobierno, menor es su poder, y que cuanto menos se conoce una institución, más poderosa resultará ser finalmente”.

5.- Libertad de prensa como antecedente de la República moderna.-

La Declaración de los DD.HH. del 1789, antecedente de no pocas constituciones de América, señaló: “Nadie debe ser incomodado por sus opiniones, incluso religiosas, a condición de que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley”. Y marcó la tradición en este tema con un texto sintético y completo: “La libre comunicación de pensamientos y de opiniones es uno de los derechos más preciosos del hombre; en consecuencia, todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente, a trueque de responder del abuso de esta libertad en los casos determinados por la ley”. Los norteamericanos consignaron en la Declaración de Virginia de 1776, que “La libertad de imprenta es uno de los grandes baluartes de la libertad y no puede ser restringida sino por gobiernos despóticos”.

La libertad expresión tiene vieja tradición y antiguo vínculo con la democracia, y posee una triple faceta de la que deriva su importancia para una sociedad abierta: (i) es un derecho subjetivo fundamental, cuyos titulares son todos los individuos; (ii) no es una concesión del Estado; y, (iii) es condición esencial para la formación de opinión pública, que es el sustento real de la democracia representativa.

La república es, en realidad, un gobierno de información y un régimen de opinión pública enterada, discrepante y respetuosa.