Sebastián Borja Silva

Elección de los jóvenes

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Viernes 16 de octubre 2020

La crisis sanitaria continúa desnudando la fragilidad que la economía ecuatoriana ha venido arrastrando desde hace algún tiempo. El consecuente deterioro de las cifras de empleo y su impacto en el estado de ánimo ciudadano constituyen factores que influirán de manera importante en un sector de la población que será determinante en la próxima elección: los jóvenes.
Uno de los segmentos de la población mayormente afectados por los estragos de la pandemia son los denominados millenials y centenials, ese grupo etario entre 16 y 39 años que ha sufrido de manera directa los embates del desempleo y la paralización forzosa de su formación académica presencial. En Ecuador, más de setenta mil trabajadores de menos de 25 años han perdido su empleo entre marzo y julio de este año. Además, del total de desafiliaciones reportadas en el IESS hasta julio, el 64% corresponde a personas entre 21 y 39 años.
La gran mayoría de esta nueva generación mira con pesimismo el futuro y desconfía de la representación política actual. De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos- INEC-, constituyen el 40% de la población y representarán más del 50% del próximo padrón electoral.

Esta es la elección de los jóvenes. La enorme incidencia que tendrán los millenials y centenials en los resultados de la siguiente elección de autoridades nacionales, establece una gran oportunidad para revertir esa corriente de desesperanza y pesimismo que les aqueja. Está en sus manos el decidir qué futuro quieren para ellos y para el país. No pueden volver a caer en la trampa de la oferta electoral embustera, del oportunismo ni de la mentira. El voto juvenil debe ser meditado, objetivo y serio, utilizado como herramienta democrática para desterrar el viejo país de la corrupción, el populismo y la improvisación.

Los actores políticos que pretenden gobernar el Ecuador tienen el gran reto de entender e interpretar correctamente el sentimiento y las expectativas reales de cambio de esta generación. Deben reconocer que, para representar adecuadamente las perspectivas ciudadanas, especialmente de la juventud, la ética y transparencia son características innegociables en el ejercicio de la función pública. Además, deberán sintonizar inteligentemente con esas legítimas aspiraciones de una generación que busca vivir en un país moderno, inclusivo, que les brinde oportunidades de empleo dentro de sus fronteras, para desterrar la idea de una migración forzada por falta de oportunidades y confianza. La exclusión de los jóvenes del mercado laboral representa una bomba de tiempo social.

Mejores días son factibles. Es posible superar los obstáculos actuales y mirar al futuro con optimismo y esperanza, en un entorno de libertad, donde el empleo, la seguridad y la transparencia prevalezcan. Esta es la elección de los jóvenes, está en sus manos.