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Miércoles 15 de julio 2020

Es claro el enfrentamiento entre Estados Unidos, por mantener el liderazgo mundial y China por arrebatárselo. Ya es la segunda economía debido a su tamaño, a los 1.300 millones de habitantes y a su espectacular crecimiento a tasas sostenidas de 14 o más por ciento anual, desde que Den -“no importa el color del gato sino que cace ratones”- abandonó el socialismo económico, abrazó con entusiasmo el capitalismo más radical, al mismo tiempo que mantuvo un férreo control político de partido único y gobierno autoritario. Agréguese a ello que el presidente Xi ha concentrado los poderes y ha maniobrado para permanecer indefinidamente en la jefatura del Estado.

Es evidente la política atropelladora de Pekín. Se irrespetan los derechos humanos, los negocios son dependientes del gobierno y si bien ha aumentado notablemente el tamaño de la clase media en los últimos 20-30 años, solamente la alta dirigencia política y los grandes empresarios vinculados al partido comunista, ostentan el poder. Lo ocurrido en las últimas semanas con Hong Kong, confirma la realidad autocrática del régimen y el desprecio por la comunidad internacional y el pensamiento de sus propios ciudadanos.

El 30 de junio puso sorpresivamente en vigencia la Ley de Seguridad Nacional aprobada por la Asamblea china, sin ninguna consulta con los ciudadanos hongkoneses, ni sus autoridades. Esta ley crea nuevos delitos -subversión, secesión, terrorismo y acuerdos con potencias extranjeras- con el propósito de eliminar las multitudinarias protestas contra los abusos del poder central. Prevé jueces especiales designados por Pekín para juzgar los nuevos delitos y faculta la creación de agencias encargadas de la aplicación de la nueva ley, cuyos funcionarios no están sujetos a las leyes de Hong Kong. La International Bar Association ha calificado a la nueva ley como “un grave atentado contra los principios fundamentales que la República Popular China se comprometió con el Reino Unido, a respetar en el régimen legal de Hong Kong”. “Un país, dos sistemas” llamó Pekín al régimen jurídico de la ex colonia, que ahora ha volado por los aires. Varios dirigentes políticos han salido de Hong Kong para salvar sus vidas. Londres ha decidido emitir pasaportes ingleses a más de 2 millones de ciudadanos de Hong Kong, y Australia ha suspendido la vigencia del tratado de extradición que le vincula con Hong Kong. Pekín genera cada vez más dudas sobre los orígenes del covid 19 y acaba de imponer a Ecuador condiciones gravosas para un nuevo préstamo de USD 1400 millones, que, según Petroecuador, generarán pérdidas por 119 millones. Pese a los dislates de Trump y a sus oscuros antecedentes, vale desear larga vida a un país en el que, más allá de sus defectos, existen elecciones democráticas, división de poderes, jueces independientes y respeto a los derechos humanos.