Fausto Segovia Baus

El periodismo educativo

La idea fue de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), que convocó sendos encuentros en Argentina para fortalecer el periodismo educativo. Antes, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) promovió los proyectos “El Diario en la Educación” y “Prensa-Escuela”.

Si bien el periodismo educativo forma parte del área social, que privilegia la educación, la salud y el empleo, -tres variables básicas del desarrollo humano-, en rigor, otras especializaciones como el periodismo político, económico y deportivo tuvieron prerrogativas en las salas de redacción de los periódicos.

Es archi conocido el precepto que “la educación constituye la base del desarrollo”, pero, en práctica, la educación ha sido la cenicienta de las políticas públicas, y también una retórica política y una debilidad estructural traducida en una gigantesca deuda social. Han tenido que pasar crisis profundas para repensar y reimaginar la formación de los recursos humanos y los aprendizajes, como alternativas idóneas para diseñar reformas sociales y económicas profundas en todos los Estados.

El periodismo educativo tiene como propósito incluir la educación como prioridad nacional, mediante investigación y producción de contenidos y mensajes, que generen transformaciones en todo el cuerpo social, y no solo en los centros educativos. No se trata de destacar -como en el pasado- los males de la educación, sino ir de la protesta a la propuesta, con directivas claras hacia la innovación, las nuevas pedagogías articuladas a las estrategias de información y comunicación, y a la formación inicial y continua de los maestros bajo otros paradigmas.

El periodismo educativo se fundamenta en la educomunicación, para reconstruir nuevos escenarios de la educación en las redes sociales, las reformas de largo plazo en las escuelas desde la educación inicial; desarrollar nuevos ambientes de aprendizaje colaborativos, y las aplicaciones tecnológicas con el apoyo de la neuroeducación, la robótica y la inteligencia artificial. ¡El “matrimonio” entre la educación (crítica) y la comunicación (digital) es evidente!