Milton Luna

Desgano y confusión

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Sábado 01 de septiembre 2018

¿Cómo inicia la educación en este nuevo año escolar? Con muy bajo perfil. Sin grandes anuncios, sin señalar mayores preocupaciones. ¿Es que todo está bien en educación? No… Los grandes problemas, los estructurales, están allí, casi intocados. ¿Qué pasa?

El bajo perfil, es probable, se deba a que hay tantas dificultades nacionales que nos abruman, que la educación, con los suyos, no alcanza a sensibilizar a la opinión pública. La corrupción es un tema gigantesco. Cada día y en lugares insospechados sigue saliendo pus y los capos, por más esfuerzos que se realiza, quedarán impunes, y sobre todo, que los millonarios recursos robados, nunca se recuperarán. Sensación de frustración.

El tema económico es otro que nos agobia. El desempleo es un asunto central en miles de familias. El alza de la gasolina, el “paquete” gradualista, se diluye en una suerte de conformismo chato que nos aplana. No hay un mensaje esperanzador de nadie e incluso la capacidad de respuesta social, se ve disminuida por dirigencias sin imaginación ni propuesta. Los únicos que se frotan las manos son los correístas que creen cosechar del descontento. Sin embargo, están tan desgastados, que hasta allí llegan sus ilusiones.

La diáspora venezolana ocupa la mayor parte de la preocupación pública y saca a flote las deficiencias de un aparato estatal que sufre el impacto de la reducción de personal y de cuadros burocráticos todavía fieles a Correa que todo lo frenan.

Y por último, una sociedad civil, desmantelada por el correato, que no logra recomponer sus fuerzas. En fin, desgano y confusión, en el gobierno y en la sociedad.

Pero a más del ocultamiento del tema educativo por la poderosa presencia de otros, también está la naturalización de sus problemas estructurales. El de la calidad, que viene de décadas atrás, pero que después de 10 años de “revolución educativa” está peor. Nadie se conmueve que solo el 1,6% de bachilleres tiene notas de excelencia en la última prueba Ser Bachiller. Y que más del 70% tengan notas de no aprobado y elemental, por lo que prácticamente les deja fuera de la universidad. Estos, seguramente son el casi medio millón de jóvenes de entre 18 y 24 años que no estudian ni trabajan. Desempleados y sin futuro. ¿Problema? No… Problemón. Pero no solo para la educación, sino también para la economía y para la democracia. Con este acumulado de deficiencias de nuestros ciudadanos, como país, jamás saldremos adelante.

La situación de anomia en la que nos encontramos, debe ser superada. Si el gobierno sigue enmarañado y pierde horizonte, es responsabilidad de la sociedad civil, colocar metas sustantivas para el país, como la apuesta por una nueva educación, cuya priorización oxigenaría el enrarecido y confuso ambiente que nos liquida.