La xenofobia no representa al país civilizado

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Martes 22 de enero 2019

La triste noticia de un asesinato filmado por varios teléfonos celulares, el drama de una muerte frente a la falta de oportuna y eficaz acción policial y, luego, la reacción cobarde buscando culpables nos denigran y lastiman.

El país viene afrontando una creciente violencia contra las mujeres que termina muchas veces en golpes, violaciones e incluso la muerte. La semana pasada una de esas acciones tuvo rechazo e inmensa solidaridad.

La noche del sábado, Ibarra fue el escenario de otro episodio violento ya relatado muchas veces.

La ciudadanía pide y merece explicaciones sobre la falta de oportuna acción policial que pudo evitar una muerte inocente. Hay protocolos establecidos que deben observarse.

También se comenta que si los uniformados mataban al hombre los hubiesen atacado y hasta condenado; si fallaban y herían a la víctima, también los hubieran cuestionado. Pero la única realidad es que la mujer murió y los policías no actuaron.

La reacción oficial también merece serios reparos, fuera de lugar y desatinada. Emprender en una acción contra ciudadanos nacidos en el mismo país del ahora procesado es desproporcionado y pone en entredicho la tarea de autoridades que tengan claro su papel como promotores de la convivencia. Un terrible error que no debe repetirse.

Los episodios focalizados, pero violentos, que siguieron al asesinato también merecen total condena.

Desalojar a familias inocentes, destruir sus pocas pertenencias, perseguirles y emprenderles a pedradas es una reacción primaria que merece una acción severa de la justicia.

El asesinato provoca una condena colectiva por tratarse de una vida humana segada. No la merece por el origen del asesino y, peor, traspolar los males de una sociedad que ya muestra a diario episodios violentos al lugar de nacimiento del hechor.

El episodio deja enseñanzas. Todos debemos aprender a respetar la vida humana, y abrir los brazos a los extranjeros que llegaron a nuestra tierra en busca de trabajo, como lo han hecho históricamente miles de compatriotas, es deber moral.