Los taxistas contra las aplicaciones tecnológicas

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Domingo 02 de diciembre 2018

El desarrollo de la tecnología es exponencial. Los chips son cada vez más pequeños, más eficientes y más baratos, y están disponibles cada vez en menor tiempo. La inteligencia biológica se esfuerza por no quedar rebasada por una de sus creaciones más fascinantes: la inteligencia artificial.

Profesiones como la Medicina hoy cuentan con herramientas apenas imaginadas hace pocos años, por ejemplo, cirugías remotas, escaneo volumétrico de prácticamente cualquier parte del cuerpo o visualización del funcionamiento del cerebro. Tal profesión, igual que muchas otras, se replantea rápidamente.

Los cambios han sido más drásticos respecto de oficios como el reparto de correspondencia, la mecánica o la contabilidad, por citar algunos. Es el mundo de los servicios el que quizás ha recibido un mayor impacto de esta disrupción, que solo puede medirse en proporciones geométricas.

La tecnología aplicada a cientos de actividades de intercambio es una realidad desde hace años. La posibilidad de que el usuario opte por la mejor oferta es algo que ni siquiera se discute en el mercado internacional, aunque hay una inevitable contraparte de regulaciones internas para frenar situaciones de posible desventaja para un país o un sector.

La renta electrónica de inmuebles para turismo en ciudades como París o Palma de Mallorca, por ejemplo, ha obligado a regulaciones con el fin de evitar que los precios sean inasequibles para sus habitantes. Pero la ola del comercio electrónico y del desarrollo de ‘apps’ seguirá creciendo.

Si hay una solución para los taxistas formales que luchan en Quito, como en otras partes del mundo, contra los servicios basados en aplicativos electrónicos, esta no incluye pedradas, bloqueos ni amenazas.

El alcalde Mauricio Rodas ha planteado un debate sobre el tema, y en la Asamblea Nacional esperan su propuesta en blanco y negro; las autoridades tributarias también tienen mucho que decir sobre el tema.

El usuario seguirá basando su decisión en la calidad del servicio, el costo y la disponibilidad. Es tiempo de poner los pies sobre la tierra.