Serenidad indispensable

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Domingo 11 de diciembre 2016

La semana, entrecortada por la celebración de Quito, trajo la noticia de la elevación del encaje para siete grandes bancos.

Más allá de los ensayos de explicaciones oficiales y conjeturas de los analistas sobre el destino de esos recursos, la decisión oficial llega en un entorno complejo. La caída de los precios del petróleo y el terremoto hicieron que la economía no creciera. El empleo es escaso y las transacciones comerciales y la inversión en la industria, modestas. Ha sido -como advirtió el Gobierno- un año difícil, con importante endeudamiento público.

Los bancos han acumulado recursos puesto que las personas y las empresas han preferido ser conservadores al adquirir deudas y despejar interrogantes futuras. El Gobierno requiere de dinero, ya que no ha ajustado el gasto fiscal y el tren de egresos es alto. Las emisiones de bonos reflejan esas urgencias.

La elevación del encaje, las argumentaciones acaso insuficientes de las autoridades y la reacción de actores del sistema, llevaron un tema delicado y de carácter técnico al terreno siempre sensible de las palabras.

El dinero que está en los bancos es de los depositantes y la gente merece un manejo responsable. Los préstamos mueven la economía, apuntalan la producción y dan trabajo. El sistema debe funcionar de modo armónico.

Es de esperar, por el bien del país, señales claras y actitudes positivas de todos los actores, para que la gente tenga suficiente confianza y estabilidad.