A una semana de un voto presidencial definitivo

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Domingo 31 de enero 2021

El 7 de febrero es una fecha clave para que el Ecuador se enrumbe en el sendero del progreso y la libertad. Es la oportunidad de salir de años de corrupción y crisis económica y social agravada por la pandemia.

Esta elección enfrenta a 16 candidatos presidenciales, como nunca en nuestra historia. Ese solo número es una demostración palmaria de las alteraciones provocadas en el sistema institucional, lo cual acelera la crisis de representatividad. Un modelo personalista y concentrador impidió escribir un Código de la Democracia sensato y coherente dirigido a promover la fusión y las alianzas de tendencias, arroja como resultado un país atomizado en 280 fuerzas.

El subsidio de una campaña electoral con el dinero que debió ir a la atención prioritaria a los más pobres y desocupados promueve la proliferación absurda de candidatos que en varios casos solo buscan promoción personal. Otro desatino fue el resultado casi insalvable de la división del poder electoral -elevado por norma constitucional a esa jerarquía-, con pugnacidad entre el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Contencioso. El TCE sigue aceptando impugnaciones; además por el desatino en la impresión de papeletas el voto por parlamentarios andinos se pospone.

Antes, un proceso poco transparente de recolección de firmas, con falsificaciones delictuosas y partidos que nunca debieron participar, favoreció a quienes pescan a río revuelto. El ente electoral tampoco ha resultado funcional. Si antes había una alta sospecha de dependencia del CNE respecto del Ejecutivo, la fórmula del origen múltiple de vocales no cuajó.
Ahora los ciudadanos tenemos en nuestra mano el voto. Hay que ejercerlo. Se formulan llamados al voto útil. Lo más importante es ir a votar. Que la gente acuda con todas las medidas de higiene y distancia personal pero que funcione el principio democrático del poder del voto.

Como nunca, un voto consciente es clave para la supervivencia de la patria, la vigencia de la democracia y la viabilidad económica. El elector tiene la llave para decidir por una salida que signifique alejarse del abismo.