Protestas y focos de tensión social en Colombia

Una de las noticias de la semana se vivió en Colombia. Los manifestantes arremetieron en las calles contra el alza de impuestos.

El presidente Iván Duque tuvo que declinar sus expectativas de paliar el agobio de la Caja Fiscal con impuestos, con el fin de afrontar una crisis de una magnitud que nadie hubiese imaginado a principios del 2020.

Se trataba de un impuesto, temporal y solidario, a la riqueza, en los años 2022 y 2023. El impuesto hubiese gravado un patrimonio superior a USD 1 350 000. Pero la chispa que encendió la hoguera de la protesta popular se hallaba en la idea de ampliar la base tributaria. En países como los nuestros, apenas porcentajes marginales de la población pagan impuestos. Pero para los que tienen poco, lograron menos ingresos a causa de la pandemia o perdieron sus empleos, esta sola expectativa provocó la reacción, avivada por los prolegómenos de una campaña electoral presidencial en algo más de un año.

La violencia y el vandalismo de Colombia esta semana, que terminó en ataques a la propiedad privada y bienes del Estado y la comunidad, trae a la memoria los duros sucesos por los que atravesaron en tiempos no muy lejanos Ecuador, en octubre de 2019, Chile en fecha parecida y Bolivia.

Frente a la realidad de una economía perforada y las graves repercusiones en la pérdida de empleos agravadas por la pandemia, no debemos dejar de tomar en cuenta que incluso economías poderosas, como la estadounidense, se ven obligadas a ajustar impuestos y a generar recursos para atender las demandas sociales.

Todo un mapa de tensiones, donde tampoco cabe dejar de preguntarse el rol que cumplen los sectores extremistas. Las redes sociales, las palabras agrias y los discursos que alimentan el odio y la confrontación social son caldo de cultivo de la división y la violencia , agitando a las masas para favorecer oscuros intereses y tensar la cuerda de la polarización.

Los populistas de extrema izquierda que pululan en nuestro continente saben cómo manipular las preocupaciones genuinas de la gente y transformarlas en caos social.