Plantaciones de coca en la frontera norte

La detección y destrucción de cultivos de coca en la zona fronteriza con Colombia, tanto en el frente de Nariño cuanto en la selva oriental, vuelve a alertar al país sobre riesgos graves.

Unos 80 efectivos de las Fuerzas Especiales del Ejército intervinieron en plantaciones. Esta no es la única operación de este tipo, por el contrario, en este mismo año, desde el 31 de enero, se han descubierto plantaciones, laboratorios, droga procesada, armamentos y hasta una nueva pista ilegal de aterrizaje.

Las fuentes atribuyen la renovada estrategia de penetración en territorio ecuatoriano a los enfrentamientos de los carteles y las bandas criminales asociadas con las guerrillas de ELN y disidencias de las FARC, que operan tanto en Nariño cuanto en Putumayo, ambas zonas de una larga y frondosa frontera con Ecuador, territorio siempre complicado.

Hace tres años un atentado terrorista contra el destacamento de Policía de San Lorenzo, el ataque a una patrulla militar y el execrable secuestro en territorio ecuatoriano y posterior asesinato de un equipo periodístico de este Diario, mostraban un grado de violencia preocupante.

Los juzgados en la provincia de Esmeraldas tienen en sus manos largos y nutridos expedientes de delitos conexos. Además, las lanchas que navegan en los ríos de los límites fronterizos, tanto en la zona de Esmeraldas cuanto en Sucumbíos, son sospechosas de llevar mercancías ilegales. Se han descubierto varios submarinos artesanales que tienen por objeto transportar droga.

Informaciones de la Dirección de Aviación Civil (DAC) dan cuenta de un número abundante de pistas clandestinas que se prestan para la movilización de sustancias prohibidas.

Para afrontar el asunto, la alerta y acción de las fuerzas de seguridad no basta. La cooperación internacional, el cruce de información y el equipamiento sofisticado puede y debe ser una política de Estado.

Los habitantes de las zonas críticas son las primeras víctimas en la línea de combate contra el crimen internacional y siempre sufren las consecuencias de su turbia operación.