Pandemia y desempleo estimulan a emigrantes

El Ecuador tiene una larga y dramática historia de connacionales que han buscado su futuro en otro país.

Esta vez la tragedia se repite, y si bien nunca ha dejado de presentarse el viaje como una oportunidad de mejora económica, la pandemia y la desocupación la han agudizado de nuevo de forma descarnada.

El país también ha sido destino de acogida. Italianos, libaneses -con pasaporte turco-, judíos, chilenos, colombianos que huyeron de la violencia y venezolanos que deambulan por el continente por el hambre y la dictadura marcan la trama de nuestras nuevas poblaciones.

Es verdad, también, que ciertos rasgos de xenofobia se han despertado desde los más inhumanos instintos contra el extranjero, el diferente.

Pero nuestros compatriotas más pobres han emprendido un flujo desde mediados del siglo pasado. El primer destino era California, donde ya no había oro, y Nueva York, que deslumbra con su magia de capital del mundo. El sueño americano se labró para muchos con dolor y sacrificio.

El desarraigo es la más dura moneda que los pobres de la tierra han tenido que pagar. La separación familiar lastima.

En varios de los poblados del Azuay y Cañar, donde las casas de varios pisos y vidrios azules sustituyeron a las construcciones de adobe, los poblados vuelven a verse solitarios.

La gente no aguanta más y busca huir. Los coyoteros, disfrazados de legalidad en algunas agencias de viajes, prometen llevar a la gente a México. Y de allí al norte. Dios dirá.

Más de 88 000 compatriotas se fueron en estos meses. Más de 34 000 no han regresado. México toma la dura medida de exigir visas para desanimar a los ecuatorianos emigrantes.

La tragedia es que luego de los destinos apetitosos y muchas veces quiméricos de Estados Unidos y Venezuela, otras olas migratorias continuaron hacia España e Italia, tras la crisis bancaria. Chile fue destino de muchos profesionales. La historia se repite estimulada por la pandemia y la falta de oportunidades. Hace falta crear empleo y de modo urgente.