Solo leves cambios en reglas del juego electoral

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Jueves 28 de noviembre 2019

En la fecha límite para tomar una decisión sobre un aspecto que debiera ser tomado en serio y merecer un tratamiento profundo, otra vez la Asamblea camina de puntillas.

Cabe apuntar que la norma advierte que cualquier reforma al Código de la Democracia debiera estar aprobada al menos un año antes de la fecha fijada para los comicios y su convocatoria. Pero aquí también la discrecionalidad parece imponerse.

Lo de fondo es que una norma electoral debiera parecerse más a lo que la sociedad quiere que a las conveniencias y cálculos de los operadores políticos y su enredado tejido de una trama poco transparente.

La visión excluyente y concentradora del poder de una década dejó su impronta en la urdimbre legal y deshacer el enredo es mucho más complejo que aprobar cambios sin mayor debate ni suficiente criterio.

Así, la reforma integral y profunda de la que hablan los analistas y estudiosos de la materia parece que quedará sensiblemente reducida, a pesar de los esfuerzos académicos de quien ahora ocupa funciones de consejero electoral, Luis Verdesoto, quien hizo un estudio a fondo y planteó una serie de reformas coherentes y fundamentadas. Pero la política es así. Y la reforma será muy timorata.

Sobre el polémico método de asignación de escaños -tan criticado durante la década de los triunfos tumultuosos, aunque haya analistas que piensen que las diferencias entre los bloques no hubiesen sido mayores con otros métodos existentes- se esperaba una refrescante modificación, siempre y cuando se la combine adecuadamente con la estructura de distritos electorales.

De allí la conveniencia de cerrar listas y no seguir aupando el galimatías del voto desordenado entre listas que tanto degradó la actividad de las elecciones pluripersonales.

Un tema central es el financiamiento de las campañas. Impedir de modo categórico el uso de fondos y bienes públicos y evitar los dineros oscuros y el aporte de millonarias sumas que pueden abrir la puerta a las mafias, al lavado y al narcotráfico, es una manera cívica de dar altura a la política.