La necesaria evaluación a la Corte de Justicia

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Miércoles 21 de agosto 2019

Mientras se siguen conociendo detalles sobre la injerencia del gobierno de Rafael Correa en el sistema judicial -no solo en su integración sino en su funcionamiento- dentro del caso Sobornos, el Consejo de la Judicatura avanza con la evaluación de la Corte Nacional de Justicia, iniciada en febrero último.

349 pronunciamientos judiciales se escogieron este lunes al azar a través del sistema informático de la Judicatura -de un total de 14 164 que dictaron jueces y conjueces entre 2014 y 2018-.

De este modo se irán cumpliendo los pasos de la evaluación cualitativa, cuantitativa, de legitimidad y de transparencia planificada por el Consejo de la Judicatura y que servirá para saber quiénes seguirán en la Corte y quiénes serán removidos.

Aunque los evaluados han argumentado que no hay bases legales para hacerlo, esta tarea consistirá en revisar, del modo más técnico posible, si sus condenas y sus absoluciones están sustentadas. Pero hay otros aspectos que se tomarán en cuenta. Por ejemplo, las quejas por un supuesto abuso que se habría expresado en persecución judicial durante el anterior régimen. Las 168 denuncias fueron reducidas a siete en las que habría posibles contradicciones.
Entre los jueces nacionales en funciones hay tres que no permitieron levantar el sigilo bancario de sus cuentas, que se analice su patrimonio y que se compruebe si tienen bienes en paraísos fiscales.

No es difícil concluir que un juez o conjuez probo no debe tener ningún inconveniente en transparentar sus bienes y en mostrar sus competencias profesionales, más cuando el total exigido es 80 de 100 puntos.

Esta criba se antoja indispensable para garantizar que la justicia funcione de modo independiente, en un momento en el cual se necesita recuperar la confianza frente a la avalancha de denuncias de corrupción que involucran al gobierno anterior.

Sin un sistema judicial idóneo, por supuesto, no hay la menor garantía de igualdad ante la ley, uno de los derechos humanos básicos. De lo contrario no se puede hablar ni de ciudadanía ni de democracia.