17 de January de 2012 00:02

LA MUJER Y EL PODER

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El talante siempre burlesco del Primer Mandatario para referirse a ciertos temas polémicos causó una fuerte reacción en la sociedad ecuatoriana cuando habló de las mujeres.

En primer término, el comentario entrañaba una postura despectiva hacia la calidad intelectual y a las habilidades de quienes le ayudan en las tareas de Gobierno al hacer la broma de decir que solamente servían para la farra.

Además, el Presidente habló de las minifaldas de algunas de las asistentes a la cena de fin de año. Los comentarios presidenciales, fuera de tono y evidentemente machistas, despertaron la reacción de organizaciones feministas y de mujeres que actúan con protagonismo en la vida pública.

El Ecuador ha avanzado en la inclusión de la mujer. Una sociedad machista, pacata y discriminatoria con una fuerte tradición patriarcal ha evolucionado desde aquella valiente postura de Matilde Hidalgo de Prócel que se acercó a las urnas a exigir su derecho al sufragio.

Hay grandes profesionales femeninas en todos los frentes de la sociedad ecuatoriana. Hemos tenido y tenemos ministras de Estado y diplomáticas, legisladoras brillantes y candidatas presidenciales, así como una vicepresidenta a quien se le bloqueó su derecho a la sucesión. Se ha abierto la mentalidad del país pero todavía persisten prejuicios, discriminación y maltrato humillante que la sociedad contemporánea está llamada a superar, desterrar y condenar.

El tono presidencial, la alusión jocosa, encierran la esencia de las grandes contradicciones del Ecuador del siglo XXI, donde en la Constitución, las leyes y los discursos se proclaman los derechos y la igualdad pero en la práctica se mantienen posturas anacrónicas deplorables.

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