Las fuerzas legislativas se reconfiguran

Una sesión de 15 horas -que se extendió a la madrugada de ayer- para la destitución del Defensor del Pueblo, da un panorama evidente de que no hay mayorías consolidadas y que el proceso político de gobernabilidad para el
Ejecutivo no será un asunto menor.

La primera mayoría, formada el 14 de mayo, en la primera semana de la Legislatura, con la que se eligió a Guadalupe Llori (Pachakutik), era un gran preámbulo a esa realidad. De hecho, no se armó una mayoría sólida, programática e ideológica. Fue una salida pragmática a un problema del momento. ¿Si así era desde el principio, qué hacía pensar que ese orden cambiaría con los meses?

Lo ocurrido en la censura del Defensor del Pueblo muestra a un bloque consolidado, el del correísmo, que decidió apoyar a Freddy Carrión y no votar por su censura; pero también a la bancada de Pachakutik, que demostró que no es orgánica y que existen profundas divisiones, puesto que la noche anterior había acordado votar a favor de la censura y 14 de ellos terminaron absteniéndose.

Con las cosas en ese nivel, si el Gobierno pretende basar la aprobación de leyes en acuerdos a escala de dirigentes, el resultado puede comprometerse de forma seria.

La ministra de Gobierno, Alexandra Vela, ha dicho en varias alocuciones que no se trata de mayorías móviles, porque en sí el término es peyorativo. Dentro del Ejecutivo se habla de mayorías coyunturales, que es una estrategia en teoría política, que permite avanzar a la gobernanza en proyectos específicos.

Además, la censura y destitución de Freddy Carrión implica que el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs) deberá designar a un encargado al frente de la Defensoría del Pueblo, hasta que se organice un concurso.

Para ello no hay un reglamento… queda al libre albedrío de la mayoría de ese organismo poner a alguien a la altura de la magistratura de un Defensor del Pueblo, cargo en el que no solo se debe proyectar una imagen impoluta, sino ejercer una cátedra de derechos humanos sin agendas políticas ni bajas pasiones personales.

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