Una Seguridad Social vigorosa y sustentable

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Martes 14 de julio 2020

La vigencia de una democracia con principios de justicia social se basa en un buen sistema de aseguramiento.

La idea de la existencia de un Seguro Social es compensar los desajustes de una sociedad excluyente y apuntalar a amplios sectores del país con jubilaciones dignas.

La caja de pensiones fue sumando prestaciones como los fondos morturios y pensiones a las viudas. Años más tarde, la idea de gestar un sistema bien estructurado que atendiera la salud de los afiliados se plasmó.

A aquella atención se fueron sumando hospitales y una amplia red de bien dotados dispensarios y consultorios que suplían las graves falencias del sistema de salud pública.

Esa deficiencia es una de las lacras que arrastra un país sin equidad ni suficientes presupuestos en salud. Con los aportes de afiliados y la entrega de dinero del sector patronal se fue gestando una institución grande que captaba sumas importantes.

En un tiempo, los recursos superaban los depósitos monetarios en todo el sistema de la banca nacional.

Llegaron los empréstitos para aliviar las urgencias temporales y un diseño de créditos hipotecarios importantes que fomentaron la construcción de vivienda en todo el país.

Pero la ambición estatal por captar recursos y la poca noción de autonomía empezó a penetrar y afectar la existencia del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS). El Estado sacó plata cuantas veces quiso, colocó bonos; no pagó aportes mensuales como patrono al IESS.

La carencia de estudios actuariales, la ceguera de los afiliados del volumen de sus aportes, la suma de afiliados sin el debido soporte, perforaron al sistema y lo ponen en riesgo.

Hay que añadir entre las causas de que la entidad esté en terapia intensiva y con pronóstico reservado, que se triplicó su número de empleados.

Aumenta la expectativa de vida, crecen los pensionistas; hay miles de desempleados y en la pandemia cunden los desafiliados, con lo cual el IESS se hunde en zona de riesgo.

La reforma con sentido futuro, con la participación de sus afiliados, se impone. No hay tiempo que perder.