Rechazo al vandalismo y oportuna acción militar

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Sábado 05 de octubre 2019

La segunda jornada de protesta nacional de los choferes y dueños de transportes contó con una novedad.

Los militares salieron a las calles, no solo a patrullar y preservar los bienes públicos y lugares estratégicos, como es su deber constitucional -máxime en un estado de excepción-. Además tuvieron una actuación solidaria en pro de los habitantes del país. Ayudaron a transportar a las personas que lo requerían.

La adopción del estado de excepción, una prerrogativa presidencial, se hizo indispensable. La protesta y la paralización siempre pone a unos ciudadanos frente a otros. Pero lo que sucedió el jueves iba pasando de castaño a oscuro. Una cosa es el legítimo derecho a discrepar con las decisiones oficiales, expresar libremente la opinión y aun oponerse a la medida, y otra muy distinta es violentar la ley y el derecho ajeno.

Impedir la libre circulación de personas y automotores, peor aún bloquear calles y carreteras, interrumpir a los ciudadanos a ejercer su voluntad de movilizarse, afectar la producción y el abastecimiento de alimentos son hechos condenables.

Atentar contra la integridad física, atacar y herir a personas, destruir bienes públicos y privados y hasta patrimoniales es un acto de vandalismo reprochable. Sus autores deber ser juzgados con todo el rigor de la ley. Acciones como el saqueo que mostró imágenes de pillos que se sustraían artefactos de los almacenes nada tiene que ver con el descontento que se pueda tener por la eliminación del subsidio a los combustibles y su impacto.

El Gobierno tiene la obligación de explicar la medida, tomar en cuenta las consideraciones técnicas de las tarifas de transporte y hasta elevarlas pero solamente en una pequeña proporción, de acuerdo a su incidencia.

La sociedad vio lo destructiva que puede ser una acción que hasta parecía orquestada con una batuta, quién sabe con qué protervos fines. Estas horas de tensión dejan por ahora una lección importante: a menos que se quiera el caos y la disolución, debemos aprender a dirimir nuestras diferencias de modo civilizado.