Las complejidades del año que se va

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Lunes 31 de diciembre 2018

En medio de un largo feriado, los ecuatorianos terminamos un año que deja un cúmulo de experiencias en lo social, en lo familiar y en lo individual. Este Diario ofrece a sus lectores en su edición de hoy un resumen de los hechos de un año complejo en la política, la economía, la seguridad.

Los rituales dictan despedir el año con la quema de monigotes. Actualmente se estila realizar sondeos incluso de los personajes más populares que sucumbirán en las cenizas del año que se va. Los políticos suelen encabezar esa lista, y a ellos se suman los personajes de la farándula, como suele suceder en la vida real.

El paso del 2018 al 2019 encuentra a los ecuatorianos tratando de asimilar los ajustes a los precios de las gasolinas y del diésel y su impacto en las actividades productivas y familiares. Una medida de esa complejidad demanda una adecuada información, para evitar confusiones e incertidumbres. El desorden informativo forma parte de lo que debiera quemarse con el año.

También ocupa la atención de la ciudadanía el impacto de los recortes en el sector público anunciados a la par de los ajustes a los subsidios, pues implican reducción de puestos de trabajo y de salarios en algunas escalas, algo que en una ciudad como Quito tiene un impacto real.

Pero el entendimiento global del tema incluye ver en perspectiva la situación de la economía nacional luego de años de supuesta bonanza, de endeudamiento abultado y de gasto superfluo, y en varios casos corrupto. El Ecuador sigue caminando en medio de una situación que demanda sacrificios para alcanzar niveles mínimos de crecimiento.

El alza del salario básico en ocho dólares refleja en buena medida la paradoja de la economía ecuatoriana: por un lado, un crecimiento con indicadores magros que ni siquiera justifica un alza tan pequeña, y, por otro lado, la necesidad de ingresos para cubrir los mínimos gastos.

En unas horas, el 2018 pasará a ser parte de la historia, pero es imprescindible tener en cuenta lo bueno y lo malo que nos deja, para avanzar como sociedad y como individuos.