Chile, del caos hacia otra Constitución

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Lunes 18 de noviembre 2019

Chile hace un nuevo y cívico esfuerzo por buscar una salida al mes de violentas manifestaciones que mostraron el desencanto de los sectores populares con la situación económica.

Ahora, la puerta se abre hacia un plebiscito para abril, que intenta pulsar la opinión popular primero sobre cambios constitucionales. Todos los partidos políticos, desde la derecha a la izquierda pasando por el amplio centro, excepto el Partido Comunista, caminan en esa dirección.

El modelo liberal trajo bonanza a la macroeconomía pero por lo visto no alcanzó para superar la amplia brecha social entre quienes más tienen, y son pocos, y los que menos tienen, que son millones. Las manifestaciones estallaron cuando jóvenes eludían el pago del metro, cuyas tarifas serían aumentadas. De allí en adelante se desataron violentas protestas, que destruyeron el servicio de transporte público, tremendamente útil a las clases populares de Santiago; además, incendios por doquier.

Millones de chilenos se expresaron en forma pacífica, pero miles desataron una deriva violenta de saqueos y caos nunca vistos. Claro, la represión fue fuerte y la grieta se agrandaba.
El Gobierno pasó por varias etapas. El Presidente primero habló de un país en guerra, lo que un alto jefe militar matizó. Hubo significativos cambios en el Gabinete.

En el poder legislativo aceleraron la tratativa de reformas extremadamente sensibles en materia social, entre ellas -una de las demandas más acuciantes- el sistema de pensiones.

La bronca sigue y el vandalismo no se detiene y hoy se empieza a hablar de una reforma que cambie la Constitución heredada de la dictadura de Augusto Pinochet. Un largo proceso de conciliación logró mantener un acuerdo político esencial con la Concertación y cuatro gobiernos alternados de demócratas cristianos y socialistas. Pero el modelo se agotó.

Ahora se discute sobre una nueva Constitución: el debate de neoliberalismo o progresismo puede tensar la cuerda, pero Chile requiere trabajar y buscar una salida pacífica para recomponer el rumbo de su economía, que estuvo a punto de descarrilarse.