Ecuador y Perú, por una paz duradera

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Domingo 28 de octubre 2018

Sobran razones para congratularse por el ambiente de integración y desarrollo que se ha logrado a lo largo de 20 años de paz definitiva con el Perú. Los presidentes de entonces, Jamil Mahuad y Alberto Fujimori, rubricaron el acuerdo para zanjar una disputa territorial secular en la que el más débil siempre llevó la peor parte.

Firmar ese acuerdo fue poner fin a un diferendo que resultaba disfuncional en la región al final del siglo XX. Fue también abandonar las aspiraciones territoriales pese a la imposición del Protocolo de Río de Janeiro de 1942, y aceptar una solución para muchos insatisfactoria pero que permitía pensar con realismo en la posibilidad de un futuro binacional de cooperación y progreso.

Vistos los resultados, y aunque falta mucho por hacer, en lugar del mutuo recelo que generaba inmovilidad y altos gastos en armamento y logística militar, hoy se observa integración turística, buen flujo de comercio e inversiones, crecimiento de la comunicación vial y aérea.

Al final del XII Gabinete Binacional que se cumplió el jueves y viernes en Quito, se firmaron acuerdos que permiten augurar mejores condiciones de salud y conectividad, conservación ambiental y seguridad en la frontera compartida.

Existe el compromiso del presidente peruano, Martín Vizcarra, de apoyar al Ecuador en su empeño de ser parte de la Alianza del Pacífico, dentro de su proyecto de abrir más mercados para el productor local, sin direccionamientos ideológicos.

Con todos los sacrificios que significó para el Ecuador dejar atrás sus reclamaciones territoriales, la apuesta por la paz ha generado un ambiente de confianza que no solo se siente en la frontera común sino en distintos ámbitos de los dos países. Nada de esto se podía haber logrado si seguían dándose las espaldas.

Una vez restablecida plenamente la confianza, hay que esperar un mayor dinamismo en una integración que teóricamente no debía haberse roto entre dos pueblos que comparten historia, lengua, cultura y creencias. Que el sacrificio haya servido para cimentar una paz duradera.