25 años después del conflicto del Cenepa

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Domingo 12 de enero 2020

El viernes, Patuca se vistió con los colores de la bandera y las enseñas militares. Fue el sitio desde donde se condujeron las operaciones que se convirtieron en la última guerra del Ecuador.

Cenepa fue el preámbulo de la firma de la paz. Un sacrificio de todo el país en pro de un futuro mejor y sin nuevas heridas ni sobresaltos.

Las desmembraciones territoriales y las demarcaciones de límites constituyeron siempre un gran trauma de la vida nacional. Tratados y ocupaciones por la fuerza lastimaron la historia patria. El episodio más hondo fue la ocupación militar de 1941 por fuerzas peruanas y la firma del Protocolo de Río de Janeiro en 1942.

En la cita diplomática, los esfuerzos para evitar una invasión a gran escala que hubiese supuesto el fin del Estado ecuatoriano dejaron, empero, una lastimadura enorme.

El proceso demarcatorio posterior fue interrumpido por el hallazgo de los levantamientos aerofotogramétricos que mostraban la inexistencia de un divisor de aguas y dos ríos distintos, lo que hacía imposible cumplir la letra del documento.

La tesis de la nulidad del Protocolo exhibida en su penúltima campaña por el candidato Velasco Ibarra, la posterior teoría de la herida abierta y las tensiones marcaron la historia.

En 1981, la llamada Guerra de Paquisha dejó una nueva frustración; la gestión diplomática evitó ataques de una fuerza que se había preparado y gastado ingentes millones en equipamiento de sus militares.

Entre el dolor de Paquisha y sus muertos y la gesta del Cenepa pasó un tiempo. El país se preparó y los intentos de la ocupación de una zona donde la demarcación no existía se frenaron.

Se lo hizo con lucha militar y combate aéreo, que acarrearon el derribo de tres naves peruanas.
La guerra dejó 31 ecuatorianos muertos y graves problemas económicos, pero creó otras condiciones.

Los conflictos en las presidencias de Arroyo del Río, Roldós y Durán Ballén y la tesis del arbitraje papal de Rodrigo Borja fueron una historia de dolor que finalmente fue sellada
en el periodo de Mahuad; que abrió, a la vez, un nuevo camino: la paz.