Ecuador y la alerta que no puede ignorar

Tras la alerta de tsunami, Ecuador debe reforzar prevención, educación y tecnología costera urgente.

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El 29 de julio de 2025, un terremoto de magnitud 8,8 en la península de Kamchatka, Rusia, activó alertas de tsunami en todo el Océano Pacífico. Las alarmas llegaron también a Ecuador, donde el Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) emitió un aviso de amenaza leve para la costa continental y de alerta para Galápagos.

Según información oficial, se preveían olas de entre 0,3 y 1,3 metros. Aunque el evento no causó daños en el país, expuso una verdad: Ecuador es vulnerable y necesita prepararse para un eventual tsunami real.

La respuesta institucional fue oportuna: se activaron comités de emergencia y se recomendó evacuar ciertas zonas de riesgo en Galápagos.

Sin embargo, en otras ciudades costeras el nivel de alerta fue difuso. Esta asimetría deja al descubierto que el sistema de gestión de riesgos necesita actualizarse y fortalecerse, no solo en su infraestructura, sino en su comunicación y en su pedagogía ciudadana.

El contraste con otros países también revela oportunidades desaprovechadas. En Estados Unidos, plataformas como Google enviaron alertas automáticas a los celulares de los habitantes de la costa oeste, lo que permitió evacuaciones preventivas organizadas en California y Oregón. Según The Guardian (31 de julio de 2025), estas notificaciones permitieron ganar tiempo y minimizar el pánico. En Japón, la red de sensores marinos activó sirenas en islas remotas.

¿Y en Ecuador? A pesar del esfuerzo de Inocar y la Secretaría de Gestión de Riesgos, el acceso a la información fue limitado. No todos supieron qué hacer. Las redes sociales difundieron datos contradictorios y algunos municipios simplemente callaron. Se evidenció, una vez más, que no existe una estrategia nacional integrada de comunicación de riesgos que involucre a medios, tecnología y pedagogía comunitaria.

Según el Servicio Geológico de EE.UU. (USGS), el Pacífico tiene potencial de registrar sismos y tsunamis de gran magnitud cada 30 años en promedio. Ecuador no puede seguir actuando como si se tratara de una posibilidad lejana. Galápagos, Manabí y Esmeraldas están en la línea directa de vulnerabilidad.

El llamado es claro: debemos construir una cultura de prevención. Esto implica rutas de evacuación claras, simulacros frecuentes, campañas permanentes de educación escolar y comunitaria, y el uso de tecnología para alertas en tiempo real.

Además, se necesita un pacto institucional y ciudadano. No se trata solo de que el Estado reaccione. Las empresas de telecomunicaciones pueden activar protocolos masivos de aviso. Las escuelas deben tener planes de emergencia. Las juntas parroquiales deben involucrarse activamente. La resiliencia se construye con articulación, no con improvisación.

En julio de 2025 no hubo tragedia. Pero la pregunta permanece: ¿estamos preparados para el día en que sí la haya? La alerta fue una advertencia sin consecuencias, pero también una oportunidad para corregir. No esperemos a que el mar lo diga con violencia.