Ecuador y la inmigración venezolana

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Lunes 26 de agosto 2019

Desde las primeras horas de este 26 de agosto rige la exigencia de visa para los venezolanos que ingresan al Ecuador, en su mayoría desplazados por la pavorosa crisis en su país.

Se trata de un nuevo momento en el que se pondrá a prueba la política implementada por Ecuador hace pocas semanas, frente a un drama humano que demanda alcanzar un equilibrio entre la solidaridad y la reciprocidad -muchas veces se olvida que Venezuela recibió en el pasado a la emigración ecuatoriana- y las limitaciones de un país en crisis.

Ecuador, al igual que Colombia, terminó convirtiéndose en destino final de los desplazados venezolanos en el subcontinente, una vez que Perú -no solo país de destino, sino de paso hacia el sur- exige el requisito de la visa desde el 16 de junio.

Solo desde el 26 de julio hasta ayer ingresaron por el paso legal de Rumichaca unos 70 000 venezolanos, y seguirán haciéndolo en los próximos meses, a menor ritmo, lo cual da un estimado de unos 500 000 ciudadanos de ese país hasta fin de año.

La Cancillería ha tomado las precauciones tanto para el visado en Internet como para regularizar a quienes ingresaron hasta el 26 de julio. Es un modo de transparentar la política migratoria en el marco de la revisión de la “ciudadanía universal” del correísmo, impráctica y perjudicial.

Volviendo al caso de los venezolanos en el país, más allá de las acciones de algunos ministerios, hace falta un plan nacional que necesariamente debe contar con apoyo internacional sostenido. La normativa migratoria es un primer paso.

Un reportaje que publica hoy este Diario hace notorio que los gobiernos seccionales tuvieron que redistribuir sus presupuestos de ayuda social para atender el impacto de la masiva presencia de venezolanos, en varios aspectos de la vida nacional.

Ya se sabe que al delicado tema laboral en un país con desempleo, se suman otros relacionados con la salud, la educación y la seguridad, frente a problemas de trata y explotación.

La fundamental solidaridad debe ir acompañada de acciones y de políticas claras de convivencia y apoyo.