La Asamblea 2017-2021 tuvo varios tropiezos

La Asamblea Nacional del cuatrienio 2017 – 2021 cerró sus actividades con el agua al cuello, con la aprobación de última hora de proyectos de ley que esperaron mucho tiempo para ser tratados y reflejan su inoperancia.

Es verdad, y todo hay que decirlo, que casi no hay país del mundo en que l Poder Legislativo no se lleve las pifias de la opinión pública, que casi siempre ve frustradas sus aspiraciones de cambio y de mejores días.

Sucede, y es bueno señalarlo, que es la Función del Estado más expuesta al escrutinio público y que la gente ve en ella que los compromisos de campaña tienen poco espacio de cumplimiento, y eso genera desobligo.

El caso de esta Asamblea en particular, a más de la dispersión, que no es extraña a la política ecuatoriana mientras siga el perjudicial reparto de partidos sin sustento social y respaldo popular, desfavorece a la tarea legislativa y de fiscalización.

Primero hay que decir que Alianza País -protagonista de los últimos 14 años y desaparecido para el próximo período – se dividió entre la Revolución Ciudadana y un supuesto morenismo, que nunca terminó de operar como bloque oficialista, y hasta muchas veces puso trabas a la conciliación de ambos poderes del Estado.

Nadie debe desconocer que el escándalo de las escuchas filtradas que forzó un cambio en la presidencia de la Asamblea, así como la vergüenza de los diezmos, terminaron por minar la credibilidad de la Asamblea en su conjunto, aunque haya habido algunos legisladores salvados en las encuestas de la apreciación negativa generalizada. Además, el Presidente del Parlamento dijo que 60 legisladores tenían investigaciones fiscales.

El silencio de la Asamblea durante la protesta de octubre del 2019 anuló su espacio de negociación política, así como la aprobación de leyes que pudieron resultar impopulares porque afectaban ingresos aunque buscaban la supervivencia de empresas en crisis, como la Ley Humanitaria producto de la pandemia.

La aprobación de leyes de última hora y la falta de una más profunda y coherente fiscalización son parte de las tareas pendientes de este ciclo.