El docente, motor del cambio social

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Lunes 15 de abril 2019

Hay unanimidad en conferirle al derecho a la educación, así como al de la nutrición, un peso definitivo en el desarrollo de los individuos y, por ende, de las sociedades y los países.

Nadie medianamente informado y comprometido con el desarrollo de un conglomerado argumenta contra las políticas públicas orientadas a asegurar el acceso a esos bienes, al menos en los niveles básicos.

Suele repetirse, y con razón, que sin cambios paradigmáticos en el sistema educativo no hay oportunidad de que un país avance, y suele citarse el ejemplo de aquellas sociedades que decidieron cambiar en el mediano plazo a partir de la enseñanza.

La gran pregunta, empero, es qué modelo de educación conviene para alcanzar el desarrollo armónico de un país en el concierto mundial, en medio de la revolución industrial y social producto de la disrupción tecnológica y el avance indetenible de la inteligencia artificial.

Y, en consecuencia, qué tipo de estudiantes y de profesores son necesarios para acortar las brechas. Este Diario lanzó la pregunta a propósito del Día del Maestro, y halló consenso en que el docente contemporáneo no impone autoridad sino que se gana la confianza; que prefiere el respeto al miedo; que no parte de clichés de comportamiento y que entiende que cada alumno aprende a su ritmo y tiene distintos intereses.

En cuanto al conocimiento, no se ve como un transmisor de información y conocimientos sino como un facilitador. En un mundo tan desafiante, es definitivamente más importante enseñar a aprender y a pensar, que a repetir un cúmulo de ideas.

Ante la flexibilización laboral que el mundo experimenta, también es necesario cambiar de enfoque. Como hoy sucede en la Unión Europea, es importante que el sistema se proyecte sobre el emprendimiento antes que sobre el ya casi inexistente modelo de la vieja empresa.

Y si se mira de cerca la experiencia de países como Singapur, se debiera propender a que el alumno, a más de enfocarse en calidad y diversidad, lo haga en flexibilización y adaptabilidad. He ahí el gran reto del cambio.