La derrota de Macri y el fantasma del populismo

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Martes 13 de agosto 2019

El masivo voto por el binomio de Alberto Fernández y la ex presidenta Cristina viuda de Kirchner fue una derrota aplastante para Mauricio Macri.

En democracia, se pierde y se gana. Pero lo curioso de la votación del domingo en Argentina es que no eran sino unas elecciones primarias. Nada más, ni nada menos. Absurdas, si se tiene como premisa que ninguna de las alianzas presidenciales tuvo competencia con binomios de su propia tendencia política.

Hace rato ya en Argentina, como sucede en otros países, los referentes de los partidos tradicionales ya no se emplean. En cada elección se refunda una nueva alianza y se crea un frente con membrete propio, como si la pertenencia al pasado histórico o reciente les diera vergüenza.

La fórmula del presidente Mauricio Macri no pudo con sus propias expectativas. Las elecciones no solo las gana un binomio, también las pierde alguien, y ese alguien tiene nombre y apellido.

Hace cuatro años, Macri llegó a la Presidencia porque derrotó al devastador manejo de la economía, a la corrupción del gobierno de Cristina Fernández y al populismo rampante en la Argentina, casi sin alternancia desde los tiempos del general Juan Domingo Perón.

Pero este domingo la propia crisis económica, la impotencia de Macri para vencer la inflación y la sostenida devaluación condenaron con los votos al gobierno de corte liberal. Macri se apoyó en el FMI y perdió.

Cristina Fernández se ocultó en la candidatura presidencial con Alberto Fernández, figura del gobierno de Kirchner y hasta hace un año crítico de la presidenta. Cristina Fernández sigue procesada y acopia causas por colosal corrupción. Pero la fórmula que completa ganó las primarias.

La verdadera elección de octubre tiene retos inmensos y acaso insalvables ya para el Presidente. El mercado mostró nerviosismo y los dos bandos acusan a sus contrincantes.

La sorpresa de la diferencia sobre Macri puede hacer creer que casi todo está perdido. La gente vota con el bolsillo y la emoción, olvidando las causas de la crisis y la corrupción.