Becas, una ilusión rota

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Domingo 01 de abril 2018

Era promisorio. Con estudios en el exterior se elevaría el nivel profesional del país; se invirtieron millonarias sumas. Más de 20 000 ecuatorianos emprendieron su aventura en maestrías, doctorados, tercer nivel de educación superior.

Muchos volvieron, se ubicaron en distintos puestos de trabajo para aprovechar sus conocimientos y pagan con paciencia las becas de alto valor. Muchos otros llegan al país y no obtienen trabajo. La situación se agudiza por cuanto ya estamos en la época de las vacas flacas, la falta de empleo es el principal problema que aqueja a la gente.

Entonces surge la frustración. Muchos deben aceptar trabajos con bajos niveles remunerativos no acordes con su nivel académico ni sus necesidades. No les garantizan la supervivencia y mucho menos el pago de la beca.

Varios graduados han recibido ofertas de trabajo en el propio país donde se educaron, pero como la filosofía de las becas con dinero público contiene un sentido de reciprocidad ellos deben volcar sus conocimientos en el país.

Esta es la realidad. El Estado generoso y paternal debió planificar mejor las áreas donde se asignaron los recursos para garantizar trabajo a los becarios y respuestas a los requerimientos nacionales. Durante la década perdida, también en este aspecto hubo derroche y falta de visión de conjunto.

La autoridad de educación superior está consiente de que es un tema de compleja solución, más allá de la ilusión rota de los estudiantes.