Aviones presidenciales: abusos y opacidad

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Domingo 16 de diciembre 2018

El ex presidente Rafael Correa decidió que requería no solamente de uno sino de dos aviones presidenciales para administrar el país y manejar las relaciones internacionales.

Gastó millonarios recursos públicos, no solo en la compra sino en la operación, la capacitación y el mantenimiento, entre otros rubros, pero siguieron utilizándose los aviones de Petroecuador y Tame.

Tampoco se cumplió otro objetivo esgrimido para comprar el segundo avión: agilizar el cambio de matriz productiva, algo que estuvo y está bastante lejos de conseguirse.

Dos publicaciones de este Diario dan cuenta de los viajes, los destinos y la falta de información indispensable: los pasajeros y la carga fueron registrados a la ligera o la autoridad aeronáutica carece de información. Por eso la Contraloría formula preguntas que deben ser aclaradas sobre unos desplazamientos cuyo kilometraje equivale a 71 vueltas al mundo.

Es inaudito que varios de los destinos hayan sido paraísos fiscales, pequeños países con los que el Ecuador apenas tiene relación. La lista completa de los ministros y otros funcionarios que viajaron, el contenido de la carga, el millonario costo de los desplazamientos (incluidos los de funcionarios de otros países que fueron transportados) llaman la atención y merecen investigarse.

Los testimonios de los tripulantes son claves para determinar los detalles que se manejaron con la falta de transparencia que caracterizó a la administración pasada.

De los 47 vuelos a paraísos fiscales, algunos tienen registro de pasajeros pero otros 24, extrañamente, carecen de manifiesto de la identidad de pasajeros, la carga y el equipaje.

Sobre todo Cabo Verde (10 vuelos), pero también Panamá, Guyana, Trinidad y Tobago, Granada, Antigua y Barbuda, Dominica, Dubai, Bahamas, Bélice y Luxemburgo y Barbados también vieron aterrizar las naves presidenciales.

Urge iniciar las indagaciones sobre una decisión que significó cerca de USD 100 millones sin justificar los resultados, y se manejó sin rendición de cuentas. ¡Basta de opacidad!