Argentina: un triunfo que abre interrogantes

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Martes 29 de octubre 2019

Alberto Fernández ganó las elecciones en primera vuelta y deberá gobernar Argentina desde el 10 de diciembre entre angustias y preocupaciones.

La ley contempla la posibilidad de que quien supere el 45% de los votos sea elegido. La crisis económica y social llevan al retorno del populismo al poder. Macri no pudo reelegirse.

Uno de los factores que permiten el triunfo del presidente electo es la conjunción de diversas tendencias del peronismo, algo que no ocurría hace muchos años.

Fernández es abogado penalista, profesor universitario y jefe de gabinete de Néstor Kirchner. El nuevo presidente fue un duro crítico de la conducción de Cristina Fernández en sus dos períodos presidenciales. Pero la política utilitaria pudo más. Alberto Fernández tuvo en la papeleta como candidata vicepresidencial a la viuda de Kirchner, una de los personajes más indagados por corrupción en el continente. Pero en las urnas eso no importó.

El peronismo clásico, los partidarios de la familia Kirchner y La Cámpora, una facción activa y radical, se juntaron al poderío de varios gobernadores peronistas y hasta a los conocidos como los barones del conurbano, inmensos conglomerados que rodean a Buenos Aires, donde el peronismo ha ganado casi todas las elecciones de la historia. Además, puso su cuota el político del Frente Renovador y antes funcionario del kirchnerismo, Sergio Massa.

Todos a una para derrotar a Mauricio Macri,que llegó empero al 40%. El líder centro derechista no pudo conjurar la crisis. La inflación, la extrema pobreza y los acuerdos con el FMI le cercaron el paso ante unos operadores con experiencia en convencer a un país agotado.

Ayer Macri hizo dos actos importantes de Gobierno. Derrotó la mezquindad y llamó a un desayuno al presidente electo, a quien el domingo en la noche había felicitado. Inicia una transición en calma. Pero para contener la economía ante la incertidumbre del futuro económico tuvo que establecer un cepo en la compra de dólares para evitar que la devaluación se dispare por enésima vez.