Ajusticiamiento en Posorja

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Jueves 18 de octubre 2018

Perplejidad, dolor, frustración, son algunos de los sentimientos que experimenta el ciudadano de bien al enfrentarse a hechos como el suscitado el martes en la tarde en Posorja: tres personas fueron asesinadas a golpes por una turba que estaba convencida de que eran secuestradores de menores.

Los tres estaban presos en la UPC de la localidad y desde ahí fueron sacados a la calle sin que la Policía pudiera hacer nada. La autoridad ha puntualizado que los detenidos estaban envueltos en un presunto caso de robo, pero quienes participaron en su linchamiento se dejaron llevar por la confusión: la mujer asaltada estaba acompañada de sus hijos cuando fue víctima del robo.

Hay al menos dos aspectos que no se puede dejar de mencionar frente a tan execrable acto. El primero: en el Ecuador se vive hoy una verdadera psicosis respecto del secuestro de menores, al punto que solamente uno de los más de 50 casos denunciados en estos tiempos ha sido real.

La desinformación y el uso irresponsable de las redes sociales contribuye decididamente a este fenómeno. Una cosa es preocuparse de manera responsable por la seguridad de los menores -tarea en la cual debemos estar empeñados todos y sobre la que el Ministerio de Educación ha tomado algunos arbitrios- y otra ser víctima de la irracionalidad.

El segundo aspecto tiene que ver con el debido proceso, y no solo para personas que presuntamente roban sino incluso para quienes están acusados de una de las peores formas de secuestro. La convivencia civilizada reposa en los procedimientos constitucionales para juzgar y castigar.

Debemos preguntarnos seriamente, autoridades, líderes, ciudadanos comunes, qué está sucediendo en el manejo de este delicado tema. Se supone que hay márgenes de la conducta humana que no pueden ser alterados si de lo que se trata es de salvaguardar la convivencia civilizada.

El primer llamado de atención es hacia el uso irresponsable de redes sociales, en donde se expresan las más bajas pasiones y alimentan estas tragedias. Se hace necesaria una revalorización del papel de las redes.