El aborto en caso de violación y el fallo de la Corte

Uno de los temas más polémicos de los tiempos que vivimos gira en torno al aborto. Desde el derecho a la vida y la libre elección personal hay un sinnúmero de matices inextricables.

El debate involucra temas científicos, de derechos humanos y de derechos de libertad de las mujeres, hasta asuntos éticos y religiosos. La normativa, en este caso, crea un derecho, no exige un deber individual.

No es tarea fácil ponerlo en contexto y menos tomar posturas que, en cualquier caso, dividen profundamente a la sociedad. La Constitución ampara el derecho a la vida desde su concepción. Las visiones más tradicionales comparten este punto de vista, pero las sociedades contemporáneas se disputan tesis por este asunto; su defensa en unos y otros casos es ardua y de suma complejidad.

Desde un punto de vista tradicional y religioso, la vida se respeta desde la concepción y el aborto es inaceptable. Los grupos feministas, en cambio, nos hablan del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

En este caso, no se trata de formular sentencias morales ni de comportamiento personal y social. Finalmente, es la propia sociedad la que reflexiona y actúa en consecuencia. Ese hecho se constata al observar la legislación regional y mundial.

Hace una veintena de años, la sola posibilidad de discutir el tema del aborto, ponerlo en la palestra y llevarlo al marco legal hubiese dividido profundamente a la sociedad en tesis irreconciliables, cada cual con argumentos y puntos de vista disímiles, sin posibilidad de una normativa.

Si bien no se puede, en un tema tan delicado, fijar líneas maestras de comportamiento, hoy las corrientes en el mundo van por otros caminos.

Hay, desde cualquier óptica, aspectos ine­ludibles. El aborto en casos de violación de personas con discapacidad física y mental está permitido.

Para las mujeres violadas, algunas de ellas niñas, muchas veces dar a luz un hijo del violador puede convertirse en una condena. El aborto en esos casos pasa por la voluntad de la persona agredida como una opción, no como un mandato. Regular su aplicación será una tarea compleja.