Rodrigo Albuja Chaves

“Ecuador: pasado y presente”

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Viernes 21 de febrero 2020

El estudio de los problemas sociales por los que atraviesa el país debe partir de una perspectiva histórica que permita comprender las tendencias subyacentes que colocan a los hechos contemporáneos dentro de un contexto con pleno sentido. Una actitud de tal naturaleza permitirá llegar hasta los orígenes de nuestra estructura social y los efectos de las fuerzas económicas: la desigualdad, el desempleo, las fluctuaciones cíclicas, las crisis. Inscrito en ese pensamiento, circula desde fines del 2019, una edición actualizada del libro colectivo “Ecuador: pasado y presente” (Leonardo Mejía, Fernando Velasco, José Moncada, Alejandro Moreano, Agustín Cueva, René Báez), originalmente publicado por la Universidad Central del Ecuador, en 1975, y posteriormente por distintas editoras nacionales e internacionales. El libro no ha perdido vigencia y en su momento fue catalogado como un clásico por la crítica especializada. Sus análisis marcan un hito en el acercamiento a la realidad nacional a partir del pasado que explica nuestro presente, sin simplificación ni en una memoria mecanicista de hechos históricos.

Hasta los años 70 del siglo pasado predominaban en nuestro país dos enfoques teórico - metodológicos para la aprehensión del devenir de la sociedad: el liberal-individualista y el positivista - empirista. El primero de ellos sustenta que las emociones, las pasiones o el carisma del caudillo de turno influyen de modo preponderante en el contenido y la forma de los procesos económicos y sociopolíticos. Esta modalidad de abordar la comprensión y la solución a los problemas mantiene vigencia en los tiempos actuales. El segundo enfoque, el positivista, aspira a encontrar lo esencial de la evolución económica de una nación mediante el escrutinio de hechos aislados y el almacenamiento de fechas y datos a menudo irrelevantes, o en el comportamiento de ciertos agregados económicos como el producto interno bruto (PIB). Pero su crecimiento no refleja las desigualdades, pues se puede obtener un buen crecimiento que beneficie a un pequeño grupo de la población. O pueden coexistir crecimiento y pobreza de muchos.

En oposición a las visiones historiográficas convencionales descritas, la obra comentada propone un enfoque dialéctico-estructural, basado en los principios de totalidad, contradicción, criticidad y previsibilidad. Su objetivo es alumbrar de modo más realista la compleja trama de procesos globales, regionales y nacionales. Acaso éste sea el mayor reto para nuestro mundo académico: encontrar el sentido profundo de la historia, que no comprende solo el pasado, pues el futuro por construirse da significado al presente. La historia es el movimiento, el devenir capaz de formar un verdadero proceso social. Y en ese movimiento se sumerge el hombre en el afán de descubrir las fuerzas que impulsan a la sociedad y las leyes que la rigen.