Alfredo Negrete

Los drones nerviosos

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En las actuales circunstancias de Venezuela es imposible descubrir el propósito de los drones que alteraron la parada militar en la Avenida Bolívar de Caracas. ¿Intentaron un cruento golpe de Estado o fue un ardid oficial para provocar la atención y alcanzar un respiro en el ámbito internacional, al impredecible gobierno de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello?

Las imágenes aportan poco: explosiones, susto en la tarima presidencial y elementos militares que corrieron despavoridos; incluso, la indefensa situación de la cónyuge presidencial Cilia Flores que hizo recordar a Kolinda Gravar- Kitarovic, desamparada ante la urgencia de un paraguas para Vladimir Putin en la final del Mundial de futbol.

Luego de repasar los hechos algunas conclusiones son importantes: además de una explosión no se escucharon detonaciones de armas de fuego o similares como parte de un supuesto complot; por tanto, si existió, fue torpe y fallido. Debe agregarse que es difícil admitir que las fuerzas de seguridad venezolanas carezcan de mecanismos de seguridad; salvo que se admita que la procesión viene por dentro. Queda otra reflexión para comprender algo de la Venezuela de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. No hay que descartar que la estrategia fue un ardid gubernamental para encontrar alivio en la escena internacional que los asfixia lentamente.

En ese escenario era obligado que en América Latina se exprese el rechazo a un posible atentado contra el poder formal de un gobierno. No más que eso. Salvo el caso de Bolivia y Nicaragua, donde se aprovechó la oportunidad para expresar la fervorosa adhesión a un régimen de la propia genética. Este también fue el caso de las grandes potencias anti occidentales (Rusia, Irán, Siria y otras) que aprovecharon los drones para expresarse en favor de un régimen con el que mantienen buenas relaciones, pero, como se dice en el viejo argot popular, en “cuarto aparte”.

Mientras los aparatos defectuosos culminaban su errada misión, ese día las imágenes informativas daban cuenta de la magnitud de personas que salían hacia Colombia, Ecuador y Brasil. Fue necesario recurrir al diccionario para aclarar si era la primera diáspora en América. El caso es que esta impactante travesía hacia otros países no es por guerra, persecución o algún peligro genocida. Se trata de la autodestrucción de un estado por parte de un gobierno que, con el apoyo de sus fuerzas armadas, puede llegar a desaparecer por falta de uno de los elementos constitutivos.

Tal vez en estas circunstancias el caso de la Bolivariana República de Venezuela se asimile a una implosión como sucedió con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas o Sudáfrica. ¿Culpables o responsables?, algunos: el Gobierno chavista, una oposición en la Torre de Babel y una comunidad internacional carente de inteligencia preventiva.