2 de February de 2011 00:00

El drama de la izquierda

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Carlos Larreátegui

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El desmoronamiento de Alianza País era inevitable. Sin un proyecto político sólido, una ideología y una estructura orgánica, el movimiento pudo unir momentáneamente al archipiélago de izquierdas bajo el encanto de su caudillo y un discurso deliberadamente ambiguo en el que todos entendieron la “revolución” a su manera. Toda la izquierda sucumbió al encanto de la “revolución ciudadana” sin percatarse de que enfrentaba un proyecto caudillista que terminaría triturando sus partidos y movimientos. Recordemos que organizaciones políticas serias como la ID, la RED, el Partido Socialista, Pachakutik y otros más, se unieron a la borrachera populista y participaron en el inicio de la demolición institucional, desatando fuerzas que más tarde no podrían conjurar. Sería injusto culpar solamente a Correa de la destrucción del Estado de derecho y la instauración de un populismo autoritario; la autodenominada izquierda ecuatoriana, en su conjunto, participó en la barbarie. Y claro, sería también injusto responsabilizar de la debacle solo a la izquierda. La derecha torcida que secuestró las instituciones políticas por años, preparó el terreno para que el autoritarismo de izquierda se instalara sin tropiezos.

Ojalá que el arrepentimiento de Gustavo Larrea y otros fundadores o facilitadores de AP sea una pulsión democrática y no el resultado de su marginación del poder. Recordemos que no hubo protestas ni remordimientos cuando se produjo el asalto a la Función Legislativa y al Tribunal Constitucional. Es más, fue el propio Gustavo Larrea quien comandó el operativo que, en buen romance, debió llamarse siempre “golpe de Estado”. El abordaje y captura de esos dos poderes del Estado fue tan o más grave que el intento del presidente Correa de tomarse la Función Judicial. Ahora, muchos personajes y grupos que participaron por acción u omisión en la demolición del Estado de derecho, han realizado un acto de contrición y expresado su repudio a la pretensión gubernamental de controlar la justicia. Cabe decir “más vale tarde que nunca”.

La izquierda auténticamente democrática tiene un gran desafío: recuperar su identidad y espacio y salir del “pot-pourri” de la revolución ciudadana. Aunque muchos no quieran aceptarlo, el Presidente y AP han terminado por arrasar a la izquierda y suprimir sus diversas expresiones y formas. A pesar de las advertencias, la izquierda ecuatoriana sufrió la misma suerte de su par venezolana y terminó triturada bajo un proyecto autoritario y personalista. En la vorágine “revolucionaria” sucumbieron organizaciones políticas importantes como la Socialdemocracia (ID) y el Socialismo (PS) que en otros países encarnan tendencias modernas e incompatibles con un régimen como el de AP.

A reconstruir y reconstruirse; la democracia lo pide.

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