Milton Luna

Drama de bachilleres “pobres”

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Estas últimas semanas para unos bachilleres de la sierra y sus familias han sido momentos de tensiones, alegrías y farras: “la graduación”, el fin de un momento importante de la vida. Para otros, para la mayoría, además de lo anterior, ha sido también atravesar el calvario que ya otros vivieron antes, en los últimos años.

Dependiendo de la clase social, de la zona del país, de la etnia, y el género, las emociones y la incertidumbre pintan de diferente manera. Unos tienen su ingreso asegurado en alguna universidad privada nacional o en el extranjero. Otros, con alguna opción tendrán esperanzas de tener un cupo en alguna institución pública de educación superior, y los más tienen por destino el desempleo o con suerte un trabajo de baja paga.

Si varios de los requisitos para optar por un cupo a una universidad pública son todavía “la nota de postulación Ser Bachiller” o el record académico obtenido en el colegio ¿qué oportunidades tienen ese 70% de bachilleres que obtuvieron notas insuficientes o no aprobados (31,9%) y elementales (41,2%) en la prueba Ser Bachiller 2017-2018 en la costa (cuyos indicadores podrían ser similares para la sierra)?
Las actuales autoridades del Senescyt han hecho loables esfuerzos por remediar los errores cometidos en la revolución educativa del magister Ramírez y de su jefe, que por tales medidas obtuvo múltiples doctorados “honoris causa” en un desinformado mundo académico del exterior. Sin embargo, la Senescyt a pesar de flexibilizar al acceso a las universidades y de acertadamente multiplicar y direccionar opciones y cupos (hacia la educación técnica y las carreras on line), seguirá con problemas por mucho tiempo, ya que varios de ellos, son sistémicos, estructurales y tienen dificultades de concepto, cuyas soluciones pasan por transformar un modelo educativo viejo y de gestión (tuneado en el correato), y también por establecer una mejor relación entre proyecto educativo y proyecto de país, aspecto estratégico todavía no topado hasta la actualidad.

La positiva política de rehabilitar la educación técnica pasa por la mejora sustantiva de su oferta y por un cambio en la cultura de la población que valorice esta opción que siempre fue colocada como “educación para pobres”, lo que requiere de mucho tiempo para ver sus frutos. Pero la mejor oferta no solo es un asunto de la educación superior. Depende también de la revisión profunda de la fracasada reforma del bachillerato general unificado y de la rehabilitación del bachillerato técnico, política que es una las responsabilidades del ministerio de educación. En otras palabras el tema asunto pasa para una acción conjunta y sistémica en la que no solo participan las diferentes instancias del Estado, sino también el sector privado, el generador de empleo. Avanzamos, pero el camino es largo.