Docentes maltratados

La ley Orgánica de Educación Superior (LOES) expedida en el 2012 tuvo un impacto inusitado en el mundo de las universidades públicas. Supuso la pérdida de su autonomía, la centralización del poder en una figura emblemática del correato –René Ramírez- y, entre otros, la capacidad de imponer a los rectores designados por el gobierno. A su vez estos nombrarían a los decanos de las facultades dotándoles de un poder claramente alineado a los designios y necesidades del gobierno en cuestión. Se dio inicio al sectarismo y en consecuencia a la corrupción como correlato del mismo. El sometimiento se hizo cada vez más notorio, paralelo a la inyección de petrodólares invertidos en educación.

La renovación de la planta docente –necesarísima y encomiable en principio- se convirtió a la larga en una fuente de abusos. Salieron algunos viejos maestros atraídos por interesantes sumas de dinero; se becó a decenas de jóvenes para que estudiasen posgrados en universidades de prestigio internacional, jóvenes que reemplazarían a la generación anterior. Los primeros –muchos y muy buenos docentes e investigadores- quedaron al margen sin un plan de recuperación de talentos “sabios” que permitiese crear un vínculo con las nuevas generaciones; los otros, los que volvieron con buenos títulos, con una inversión millonaria por parte del gobierno, tampoco fueron incorporados al medio laboral o contratados pero… mal pagados y mal tratados. Muchos han venido a “devengar” el tiempo obligatorio, han perdido los contactos y las posibilidades que ofrecía el medio que dejaban y no encuentran ningún aliciente en el propio país, insiste el comunicador docente universitario Gustavo Cardoso.

A partir de la crisis petrolera agudizada en el 2016, los recortes a la educación pública son fortísimos. Se han detenido los concursos para plazas estables; algunos decanos contratan a amigos y parientes poco preparados; hay una discriminación perversa en la asignación horaria. La frustración que viven buenos profesores/investigadores, algunos de los cuales llevan 10 o más años esperando estabilidad laboral, es inhumana. Si no te allanas, el semestre que viene sorpresivamente no te contratan. Se han perdido colegas de gran valor y se ha dejado sin voz a los contratados, atemorizados de perder su espacio. El debilitamiento del entorno educativo y la precarización del trabajo son un hecho. Se ha perdido la confianza entre docentes y sus superiores, se incrementan los chismes y las sospechas .

La Federación Nacional de Profesores Universitarios y Politécnicos del Ecuador (FEPUPE) alza su voz frente al Reglamento de carrera y escalafón propuesto por el CES. Son pocos valientes que pelean por muchos, así el día de ayer en la reunión en la Universidad de Cuenca.