Pablo Cuvi

Divas borrachas

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Para escapar un rato de la serie policial del correísmo, me senté con un whisky en la mano a contemplar ‘Feud’, la serie de televisión de la Fox que recrea la legendaria enemistad entre dos divas de Hollywood, Bette Davis y Joan Crawford, cuando se hallaban ya en el ocaso de sus carreras y filmaron juntas por única vez ‘¿Qué pasó con Baby Jane?’. Estremecedora cinta en blanco y negro que alcancé a ver, guagüito, en la matiné del Teatro Capitol de Manta, donde la arquitectura tradicional de madera y los ruidosos ventiladores acentuaban el horror de la pantalla.

Medio siglo después, por esos lujos que solo pueden darse los gringos, Susan Sarandon y Jessica Lange, las actrices que recrean a esas figuras míticas del celuloide son, ellas mismas, leyendas que protagonizaron en su juventud filmes tan memorables como ‘El cartero llama dos veces’ y ‘Thelma & Louise’. Quien vio ‘El cartero’ no olvidará jamás el polvo (perdón por el francés) sobre la mesa de amasar el pan entre una Jessica que estaba… eso mismo, más buena que el pan, y un Jack Nicholson de mirada lateral y sonrisa cínica (casi digo correísta). Ni olvidará a Susan Sarandon, la Louise de nariz respingada al volante de un descapotable celeste en ese viaje frenético hacia la libertad y el abismo, acompañada por una Thelma igualmente conmovedora.

Puestas así las cosas, imaginarán ustedes la actitud reverencial de este cinéfilo de barrio (que no matón) despachándose los ocho capítulos lanzados el año pasado y que hurgan en los entretelones del rodaje de ‘¿Qué pasó con Baby Jane?’ en ese Hollywood glamoroso donde Jack Warner, el último patriarca del estudio Warner Brothers, fungía de gran titiritero que cobraba derecho de pernada. Lo mismo hacía el director Bob Aldricht, atrapado por la rivalidad entre Bette y Joan, que, bien vista, era menos honda de lo que parecía pues ambas se identificaban como víctimas del star-system de Hollywood que devoraba a las jovencitas y relegaba a las cincuentonas a las películas de horror.

Cine del cine, nostalgia a la vena para los cinéfilos, ida y vuelta entre la pantalla y la vida, entre la gloria y la basura. Porque primero fue Baby Jane, estrella infantil que se apagó de adulta mientras su hermana Blanche reinaba en las marquesinas, hasta que un choque la dejó en silla de ruedas, al cuidado de la cruel y enloquecida Jane. Ahora, Sarandon y Lange desnudan magistralmente a dos ególatras solitarias de la vida real, flageladas por el alcohol y el paso del tiempo y detestadas por sus hijas que las destrozaron en sus memorias.

Fundido en negro. Del crepúsculo de estas diosas de verdad, surfeo hacia el noticiero de los dioses de mentira y asoma ese señor que se creía el león de la Metro Goldwyn Mayer y rugía en las sabatinas. Ahora, con orden de captura, recuerda en un ático belga sus días de gloria mientras cena en tarrina. Si no hubiera causado tanto daño, daría la misma lástima que una diva enloquecida.