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Domingo 10 de enero 2021

No tuvimos que esperar muchos días durante la primera semana del año para archivar una vez más el optimismo y enfilar hacia el futuro inmediato con escasas esperanzas de volver pronto a la normalidad.

Apenas ha iniciado el 2021 y varias naciones europeas ya anunciaron nuevos y más estrictos confinamientos por la pandemia. Si tomamos en cuenta que son esos países precisamente los que van a la vanguardia de la vacunación contra el Covid, el anuncio no podía resultar más desesperanzador para el resto del planeta, en especial para los que vivimos arrinconados por debajo de la línea equinoccial.

Unas horas después, como si estuviéramos asistiendo al estreno de una nueva temporada de ‘El cuento de la criada’, la genial obra de Margaret Atwood, miramos asombrados el asalto de las hordas trumpistas, incitadas por su líder en una decisión irresponsable y nada democrática, al Capitolio de Washington. Se trató, sin duda, de un intento de golpe de Estado como aquel que dieron las tropas fundamentalistas en la novela de Atwood para fundar la nueva nación de Gilead en sustitución de los Estados Unidos de América.
La pataleta le salió mal a Trump, que reculó a medias cuando ya la invasión era incontenible y la violencia se había desatado en la sede del congreso estadounidense. De todos modos, aun a sabiendas de que había cavado su propia tumba, y de que las consecuencias del acto serían gravísimas para él y su gobierno, repitió una vez más la letanía del fraude con la que encendió originalmente la llama de la revuelta. Más tarde, tanto en el senado como en la cámara de representantes, los demócratas y republicanos moderados certificaron la elección de Biden como nuevo presidente de Estados Unidos.

Por estos territorios latinoamericanos el panorama es todavía más oscuro. Se ciernen peligrosamente sobre el continente las sombras descritas por Orwell en las afamadas novelas ‘1984’ y ‘Rebelión en la granja’. A la tragedia humanitaria de Venezuela, Nicaragua y Cuba, se suma a pasos agigantados la Argentina kirchnerista con una inflación galopante y un incesante incremento de la pobreza.
Y Ecuador, por supuesto, no se queda atrás. El ambiente se ha enturbiado con las últimas actuaciones de los jueces comunes que liberan presos y sindicados a mansalva, y con las de los jueces electorales, que se han enfrascado en una peligrosa disputa a las puertas de las elecciones. La campaña electoral avanza a trompicones no solo por la amenaza del Covid, sino también por la extraña insistencia de un títere que no tiene partido político, que no ha sido elegido por nadie en las primarias y que llegó tarde a la inscripción de candidatos, pero que, aun así, de forma ilegítima y prepotente, pretende hacer el juego a los que buscan volver por la impunidad y por esas migajas que dejaron caer años atrás.
Además de la trágica realidad de una pandemia que no termina, llegan las espectrales siluetas distópicas que presagian un incierto y, por ahora, tenebroso 2021.