Milton Luna

Directo al colapso

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Miércoles 16 de septiembre 2020

Sí, el sistema de educación pública es conducido al precipicio. La tajante reducción del presupuesto en el marco de la pandemia, el debilitamiento sistemático de su capacidad operativa a propósito del cumplimiento de los acuerdos con los multilaterales, el no pago puntual de los salarios a los docentes, son datos de una tendencia, que si se mantiene el próximo año, agrietaría el edificio que se ha construido con mucho esfuerzo desde la fundación de la República.

Grandes sacrificios políticos y financieros le ha costado al pueblo ecuatoriano construir su Estado, en cuya columna vertebral, por decisión de gobiernos de derechas o izquierdas, siempre estuvo la escuela y el Ejército. Instituciones a las que se les asignó la misión de llegar a los últimos rincones del territorio a través de maestros y soldados. Así el Ecuador se apropió de su espacio y, mal que bien, construyó identidad, nación.
De Estado oligárquico pasó a Estado cuasi democrático, de la mano de las clases medias y obreras, de los militares progresistas, de intelectuales, docentes y estudiantes.
Las élites siempre lo controlaron. Usaron y abusaron de sus recursos. Estado botín, Estado empleador fue su destino.

En momentos de auge de algún producto de exportación, particularmente del petróleo, lo engordaron irresponsablemente y le dieron desde el 2007, un poder desmesurado, sobre todo al Ejecutivo. Ahora, en tiempos difíciles, ese Estado es un peso que absorbe muchos recursos. ¿Qué hacer con él? Se preguntan economistas y tomadores de decisión de las derechas. Ni idea. Lo único que se les ocurre es mocharlo, sin estudios técnicos, sin mirar ni hacerse cargo de las consecuencias.

¿Y los efectos en el manejo operativo de la gobernabilidad? No importa. Hay que equilibrar las finanzas públicas y trasladar a la empresa privada la iniciativa y los recursos. Lo que hay que preservar del Estado es el Ejército, la Policía, la justicia y las cárceles, para dotar de viabilidad a la gobernanza a través de la represión y el control.
Para ellos, entonces, la escuela pública no tiene ningún sentido. El presupuesto estatal debería transformarse en “vauchers” para financiar la escuela privada. El mercado es todo. La igualdad y equidad salen de la escena.

¿Es necesario el Estado? Sí, pero ¿Cuál Estado? Para el centro y las izquierdas, en especial para los pueblos y nacionalidades originarias, el viejo estado y la vieja educación son inviables. Tienen que ser transformados. El nuevo Estado tendría un rol: desarrollar la plurinacionalidad, la democracia participativa; fortalecer los servicios públicos, la laicidad, la redistribución de la riqueza; facilitar a la empresa con responsabilidad social y ecológica. La educación pública apoyaría ese proyecto y a su vez apuntaría a la formación integral de las personas, el fortalecimiento de la comunidad y la protección del planeta.