Diego Cevallos Rojas

Se mete con nuestros hijos

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Mientras se escriben estas líneas, es muy posible que una menor de 14 años esté teniendo relaciones sexuales y quede embarazada y que un joven de 15 se contagie de VIH, herpes u otra enfermedad de transmisión sexual. A ellos no les llega, y posiblemente ni les importa, la discusión bizantina de hasta dónde y con qué políticas públicas se imparte educación sexual. En Ecuador, alrededor de 80 de cada mil mujeres de 15 a 19 años quedan embarazadas cada año. Diariamente 142 niñas de ese mismo rango etario se convierten en madres y cuatro de 14 años o menos tienen un bebé. Dos de cada 10 adolescentes inician su actividad sexual entre los 12 y 14 años. Cada día se registran 13 nuevos contagios de VIH.

La actividad sexual entre menores con consecuencias indeseables es una expresión del subdesarrollo de un país, de su retraso en adoptar políticas públicas eficaces, probadas en muchos países y recomendadas por la ONU. En los países pobres, los embarazos de adolescentes son cinco veces superiores a los de los desarrollados. No es un tema de moral, como lo presenta un sector religioso e ideológico, es uno de desarrollo. Donde hay niveles educativos altos, se promueve la comunicación familiar, se aboga y trabaja por la tolerancia a la diversidad, circula información abierta y transparente sobre sexualidad y hay acceso pleno a métodos anticonceptivos, la actividad sexual de los menores no deriva en un problema de salud pública.

Que proyectos de ley y acciones oficiales busquen encarrilar el tema por tales rieles, es algo para aplaudir y alentar.

Como en todos los países, incluso en los más desarrollados, hay en Ecuador un sector que hace escándalo y crea bolas de nieve con información falsa y prejuicios sobre la educación sexual. Tienen todo el derecho, pero el Estado no puede abdicar de su responsabilidad de atender el problema y actuar apuntando a los estándares internacionales.

El país debe dejar atrás la etapa oscura y moralista del correísmo en materia de educación sexual, diversidad y aborto. En la gestión del anterior presidente, cuando la estrategia contra el embarazo adolescente era promover el mensaje moral de afectividad, amor y abstinencia, subieron los embarazos adolescentes, indican las autoridades.

Para el ex mandatario, la estrategia de educación sexual clara y abierta es un asuntos de hedonismo puro y vacío.

A quienes sostienen que la suerte moral del Ecuador está en juego con la aprobación de normas sobre la educación sexual, hay que invitarles a explorar lo que sucede en los países de más altos estándares de vida y a leer algunos documentos de la ONU.

Además, hay que reiterarles que nadie les impedirá dar el ejemplo e impartir la educación sexual que deseen en sus familias, siempre que no atenten contra los derechos de los adolescentes. No estaría mal también recordarles que la moral y las creencias religiosas no son asuntos de la política o el Estado.