Diego Araujo Sánchez

Políticos y espectáculo

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Martes 24 de septiembre 2019

Que los políticos exhiban las cualidades que creen poseer como cantantes se incorporó a las prácticas proselitistas en el Ecuador con Abdalá Bucaram. El “Loco que ama” subió al escenario con Los Iracundos y montó un espectáculo en compañía de jóvenes bailarinas que lucían trajes cortísimos y se contoneaban con el mandatario al ritmo del “Rock de la cárcel”. La intuición populista le había llevado hacia la tarima. La clave para conquistar el poder.

En los años sesentas, los EE.UU. y más tarde en el país, se incorporó la televisión en las campañas electorales. La tele política empezó con los debates entre los candidatos. Desde entonces, la técnicas de publicidad y mercadeo se aplicaron para conseguir el voto: el perfil del ciudadano, convertido en consumidor, era estudiado con minuciosidad para triunfar en las urnas.

En la década de la “revolución ciudadana”, el país vivió un bombardeo publicitario. La civilización del espectáculo se amplió gracias a las redes sociales. El Ecuador registra más teléfonos celulares que sus 16 millones de habitantes. Los inspiradores de la propaganda, ahora prófugos, pronto cayeron en cuenta, además, de la magnitud del negocio. Las sabatinas fueron el escenario preferido para que el presidente Correa ejercitara sus aficiones de cantante. A él se juntaban en el escenario colaboradores como Ricardo Patiño, que prefería “entonar” con el mandatario las canciones protesta, o Gabriela Rivadeneira que repetía, con lustros de retraso, la letra popularizada por Víctor Jara y Quilapayún en la que se dice aquello de “Cuándo querrá el Dios del cielo/Que la tortilla se vuelva/ Que los pobres coman pan/ Y los ricos mierda, mierda”.

Tienen los políticos todo el derecho de cantar, y en algunos casos debería añadirse salpimentado por una dosis de ironía, hasta el deber ante los jueces, cuando sobre los primeros pesan acusaciones de corrupción. Sin embargo resulta mejor que sus aficiones melódicas las dejen para el ámbito privado y no para los actos públicos formales del poder.

También el presidente Moreno se ha dejado seducir por el espectáculo del canto. Uno de sus programas sociales estrella tiene el nombre de “Toda una vida”, como el bolero interpretado por múltiples artistas desde Cuco Sánchez hasta María Dolores Pradera. Exhibió Moreno sus cualidades vocales en la reciente Cumbre Presidencial por la Amazonía, en Leticia, Colombia. Allí entonó en catalán “Pare” de Joan Manuel Serrat. Un ejercicio emocionado de canto poco habitual en reuniones de esa índole.

Aunque el dicho popular señale que quien canta sus penas espanta, para decidir mi voto en las próximas elecciones procuraré averiguar si el candidato es aficionado a exhibir sus escarceos en el canto para no tener después vergüenza ajena por el espectáculo.