Benjamín Rosales

Dictaduras populares

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Lunes 10 de octubre 2011
10 de October de 2011 00:02

Parece contradictorio, pero no lo es. Gobiernos formalmente elegidos, que gracias a acciones positivas logran respaldo popular, cuando tienen líderes autoritarios pueden devenir en gobiernos en los que no se respeten principios fundamentales de regímenes democráticos.

Y esa es una realidad en algunos países de nuestra región según los ex presidentes Mesa de Bolivia, Samper de Colombia y Hurtado de Ecuador, quienes participaron en el foro de la Universidad de las Américas, realizado en Quito hace 10 días. Por democracia entendemos un sistema de gobierno con elecciones libres, división de poderes, fiscalización, justicia independiente, alternancia, respeto a libertades, existencia de varios partidos políticos; condiciones que actualmente no se dan plenamente en Venezuela, Nicaragua, Bolivia o Ecuador.

¿Si en un gobierno solo se conjugan uno o pocos de los principios democráticos, podemos hablar de existencia de dictadura o democracia con tendencias dictatoriales? Lo paradójico es que en estos casos, a pesar de existir violaciones o ausencia de algunos de estos conceptos, los gobiernos mantienen altos niveles de popularidad. ¿No prefiere la población gobiernos democráticos? Según Mesa, líderes como Chávez, Correa o Morales tienen un gran caudal de votos por la bonanza económica, en Bolivia se han quintuplicado las exportaciones desde 2003 y el gasto público más que triplicado. Desde 2007 el presupuesto de Ecuador habrá subido casi cuatro veces en cinco años gracias al alto precio del petróleo y mejores recaudaciones tributarias.

Es verdad que esos mayores recursos extraordinarios se han usado para obras de infraestructura, mejorar la educación y salud, subir sueldos burocráticos, aumentar bonos y ampliar sus beneficiarios, junto a la intensa propaganda de las acciones de gobierno, sin duda influye en asegurar altas votaciones. No importa si hay ineficiencia, corrupción o despilfarro. La popularidad no está ligada a la buena gestión, o al respeto o no de libertades, sino a beneficios. Si esto es cierto, el favor popular disminuiría si la bonanza decae y los beneficios disminuyen.

Pero esa explicación por sí sola es demasiado simplista, debemos analizar también otras causas del favor popular a gobiernos autoritarios. El desprestigio de la clase política en general y de los partidos políticos es abrumador, gran parte causado por mala gestión, corrupción y manipulación, pero muchos descréditos injustos ocurrieron por exagerados escándalos mediáticos. ¿Cuántos ciudadanos creerán que es preferible un gobierno dictatorial a una democracia caótica?

Para superar esta crisis es necesario que surjan organizaciones políticas amplias, tolerantes, solidarias y respetuosas, que encaucen el sentir ciudadano.