1 de February de 2011 00:00

Dictadura plebiscitaria

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Antonio Rodríguez Vicéns

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No estoy de acuerdo con quienes definen el proceso político que vivimos, atropellador y autoritario, como ‘democracia plebiscitaria’. Todo lo contrario. No hay democracia sin una eficaz división de funciones que evite la concentración del poder y el autoritarismo. No hay democracia sin un verdadero acatamiento al sistema jurídico vigente. No hay democracia si se impone el atropello a personas e instituciones. No hay democracia si el abuso es la norma en el ejercicio de la potestad pública. No hay democracia si no hay una búsqueda permanente de la justicia y la igualdad para todos. No hay democracia sin diálogo y sin libertad. Las elecciones y las consultas populares son dos de sus instrumentos: no son su contenido.

Vivimos lo que he denominado la paradoja de la democracia. Los instrumentos que nos proporciona (elecciones y consultas populares, por ejemplo), en lugar de servir para su ahondamiento y consolidación, son utilizados para su degradación, debilitamiento, manipulación y, en última instancia, destrucción. El procedimiento que se sigue es evidente: aprovechar uno de sus mecanismos -las elecciones- para llegar al poder, y luego, desde él, con una minuciosa y deleznable tarea de zapa y de demolición de sus instituciones, crear regímenes autoritarios. “Toda democracia -repetiría parafraseando una célebre expresión del dictador de Carondelet- tiene traidores”. En su caso, no podría negarlo.

La participación de los ciudadanos es inherente a toda democracia. No obstante, esa participación, para contribuir a su fortalecimiento, debe ser consciente y responsable. ¿Hubo conciencia y responsabilidad -pregunto- en el voto a favor de un texto constitucional de más de 500 artículos, con diversos temas técnicos y complejos, que los ciudadanos, en su mayoría sin la formación cultural necesaria, no leyeron y, si lo hubieran hecho, no habrían comprendido? ¿La votación de los ciudadanos, manipulada por una alienante propaganda, maniquea y demagógica, puede considerarse un acto democrático? ¿No estamos en realidad asistiendo a su camuflada, taimada y perversa distorsión?

La consulta popular convocada forma parte de ese proceso. Es un mecanismo incuestionablemente democrático que está siendo utilizado, aprovechando actuales y acuciantes preocupaciones ciudadanas, como la creciente e incontrolada inseguridad y la deficiente administración de justicia, para violar y reformar la Constitución, continuar la progresiva e irresponsable desinstitucionalización del país, concentrar aún más el poder público, atentar contra garantías y derechos individuales, menoscabar a los medios privados de comunicación social, limitar la libertad de expresión y reprimir la crítica y la disidencia. El voto afirmativo de los ciudadanos ayudará a fortalecer esa dictadura plebiscitaria.

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