Milton Luna

No todo está dicho

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Miércoles 20 de enero 2021

Las redes sociales son un territorio público donde buen número de usuarios exaltan la bravuconería y el desenfado. Hombres y cada vez más mujeres de toda condición, sin ningún pudor, exhiben su violencia, intimidades, demencias, traumas y miserias.

Las redes, en el Ecuador y en todo el mundo, son el espacio ideal para la difusión masiva y contundente de noticias falsas, que son las más consumidas. En tiempos electorales, y debido a la pandemia, las redes han reforzado su condición de parlante estrella. Los estrategas electorales, particularmente por los pragmáticos amorales, las usan para el desarrollo de las viejas tácticas de campaña sucia contra el rival más fuerte, o para la creación de ficciones, destinadas a convertirse en realidad.

Las campañas con bolsillos más abultados, contratan ejércitos de “trolls”, esa suerte de mercenarios postmodernos, pagados para sentarse frente a un computador a echar veneno o alabanzas, siguiendo las maquiavélicas instrucciones de su empleador, que funge de comandante en la batalla electoral.

Los jefes de los trolls, los directores de campaña, son expertos en inventar relatos, como el aurea de triunfador de su candidato, con el objetivo de efectivamente convertirlo en ganador, ya que parten del conocimiento que las masas de electores se suben al carro vencedor. Nadie se alinea con el perdedor. De esta manera, los esfuerzos de la campaña se dirigen a convertir la ficción en realidad.

Para esto hacen uso, cada vez con más cinismo, entre otros instrumentos, de datos de encuestadoras fantasmas o empresas descalificadas, conocidas por elaborar datos a la carta, configurando una información acorde con el producto a ser inoculado en la gente a través de las redes. De allí que, de manera frecuente, luego de las elecciones, los datos de muchas de estas encuestadoras, no coincidieron con la voluntad de los electores, la que si se refleja en investigaciones serias e independientes, que por fortuna existen y no se prestan a las transacciones de los mercaderes de la política.

No obstante, el poder mundial, con más frecuencia, se recrea y fortalece, junto a las grandes corporaciones informáticas. Hay recientes experiencias, dirigidas por millonarias maquinarias electorales, que haciendo uso de las grandes redes, manipularon exitosamente las subjetividades, la voluntad y las decisiones electorales de millones en Estados Unidos y otras partes del planeta. Las presidencias de Trump y Bolsonaro fueron construidas de esa manera.

En el Ecuador, estamos frente a un escenario electoral construido por los gurús de las campañas y sus encuestadoras. Según ellos, prácticamente habría ganadores. Pero, por salud intelectual y democrática, hay que someter a duda esos asertos. No todo está dicho en esta elección. Hay un voluminoso número de electores que todavía no decide su voto. Cualquier cosa podría pasar.