Andrés Vallejo

‘A la Dianita no le dio la talla’

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Viernes 20 de diciembre 2019

Columnista invitado

El fin último de la organización adecuada de las elecciones es que refleje la voluntad expresada en las urnas. Para eso, el Consejo Nacional Electoral debe estar organizado y funcionar con ese propósito. Todo lo adicional es secundario.

Para lograrlo debe estar integrado adecuadamente. Que su conformación asegure la libertad de la participación de los electores. Que las elecciones se realicen con pulcritud, que no hayan directrices para orientar el voto en una u otra dirección, que no impida o dificulte la concurrencia a depositar el voto.

Que asegure que la información que reciben los ciudadanos sea adecuada y veraz. Que no desoriente o induzca al voto. Que controle y sancione las infracciones a la Ley y a la ética.

Los cambios introducidos a la ley que establecía el Tribunal Supremo Electoral, lejos de asegurar esa limpieza, entorpecieron los procesos e introdujeron elementos que impiden el desarrollo de los partidos políticos y concentra en pocas voluntades el desarrollo de los procesos electorales.

Cinco consejeros, designados por el malhadado Consejo de Participación Ciudadana, todos de una misma tienda política. Normas y reglamentos que no propician el desarrollo de los partidos políticos e intervienen en su organización y desarrollo. No hay resolución ni elección en un partido que sea válida si no está vigilada por el CNE.

Y lo que pasa ahora en este CNE designado por el Cpccs transitorio no difiere mucho del de la revolución ciudadana porque su defectuosa integración lo permite. A las irregularidades en provincias como Los Ríos o Pichincha se suman contrataciones que violan principios éticos y de organización técnica elementales. Como dijo Julio César Trujillo cuando se alió con socialcristianos y correístas, “a la Dianita no le dio la talla”.

La integración anterior a las reformas comentadas, con siete integrantes de las siete principales fuerzas políticas, integrando los Tribunales provinciales pluralmente, ejercía un control cruzado que lograba el objetivo final: que los resultados reflejen lo que el ciudadano expresó en las urnas.

Hay que reformar la integración del CNE. Hay que reformar la Ley para sacar la mano del organismo público de la vida interna de los partidos, para que estos se fortalezcan, vuelvan a ser los eficaces intermediarios entre los ciudadanos y el poder. Para que respondan a ideologías, actúen en consecuencia y obliguen a sus integrantes a rendir cuentas a la sociedad, que los premia o castiga en las elecciones según ha sido su comportamiento. Para evitar que se repartan las provincias como botín, en donde manda cada vocal e imparte órdenes, aun al margen de la ley.

Es una reforma pendiente que, como la renovación parcial, no fue incluida en las aprobadas últimamente.