Despenalizar el aborto

Tiempo atrás el portal La Línea de Fuego publicó la historia de Norma, una niña ecuatoriana de 12 años, quien, embarazada por haber sido violada por su padre, fue obligada a ser madre por las normas que regulan el aborto en el país y que están entre las más restrictivas y punitivas a nivel continental. Por si eso fuera poco, con un argumento usual entre quienes se oponen a la despenalización del aborto, en el momento de dar a luz uno de los médicos le recriminó: “¿Para hacerlo sí abrió las piernas, pero para tenerlo no?”, como si hubiera podido escoger ser o no violada.

El caso de Norma es solo uno de tantos de los que existen en el país. De acuerdo con la campaña Niñas, no madres, cada día siete niñas quedan embarazadas por violencia sexual, mientras que INEC determinó que en el 2016, de 17 882 abortos no espontáneos, la gran mayoría (15 783) tuvieron alguna complicación por tratarse de abortos clandestinos y que el 15% de las muertes maternas se dan por esta causa. Además, cerca de 2 000 niñas menores de 14 años dan a luz anualmente, y del 2013 al 2017 cerca de 243 mujeres fueron perseguidas judicialmente por abortar.

A nivel mundial, la ONU calcula que anualmente se producen en el mundo 22 millones de abortos en condiciones de riesgo y que aproximadamente 47 000 muertes de mujeres son provocadas cada año por complicaciones relacionadas. Por esto, el Comité para la Eliminación de la Discriminación en Contra de las Mujeres de esa organización determinó que “los Estados parte deben legalizar el aborto al menos en casos de violación, incesto, amenazas contra la vida y/o la salud de la madre, o en casos de severa malformación fetal, así como también proporcionar a las mujeres el acceso a servicios posteriores al aborto que sean de calidad, especialmente en casos de complicaciones derivadas de un aborto en condiciones de riesgo. Los Estados parte deben eliminar también las medidas punitivas para las mujeres que se someten a abortos”.

En esa línea, la recientemente fallecida jueza suprema de EE.UU. Ruth Bader Ginsburg sostenía que si se prohíbe o se hace más difícil acceder al aborto, no se lo hace desaparecer, sino que se vuelve clandestino y peligroso. “Cuando un Estado limita el acceso a abortos seguros y legales, las mujeres se ven en situaciones desesperadas que ponen en riesgo su salud y seguridad” decía.

Mientras escribo este artículo, la Corte Constitucional del Ecuador ha decidido, por mayoría de votos, despenalizar el aborto en casos de violación. Los derechos humanos y los fundamentos constitucionales, legales, médicos y factuales, se han impuesto y nuestras mujeres y niñas violadas ya no seguirán muriendo o siendo obligadas a ser madres. Aunque aún hay que trabajar en otros derechos, como la eutanasia, por ejemplo, somos, a partir de hoy, un mejor país.