Alfredo Negrete

El descuido de la puerta abierta

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La Kerkaporta fue una pequeña puerta que permitió al ejercito otomano la entrada a Constantinopla en 1453 y obtener una victoria que cambió la historia de la humanidad. Este suceso que vulneró a la ciudad asediada fue posible, por el descuido de los guardias al no cerrar una pequeña puerta por donde penetró un ejército al que le era imposible derribar murallas.

Una situación similar, guardando las proporciones, logró el presidente Lenín Moreno cuando convocó a la consulta en la que se incluyó la pregunta 3 y sus anexos. Lo hizo de acuerdo a la disposición del artículo 444 y la Corte Constitucional pudo haberla objetado o modificado, pero se acogió al silencio administrativo para que continúe el procedimiento hasta que el pueblo lo apruebe.

El Consejo de Participación Ciudadana fulminado por decisión del pueblo en la consulta, debe ser considerado como uno de los mayores engendros de la histórica jurídica del continente. No hay duda que los constituyentes que aprobaron la Constitución y la conformación de ese capítulo no lo hicieron por temor, sino por una firme adhesión “mussoliana” al ejercicio de un poder único. Quienes -ahora se evidencia la hipocresía política y jurídica– definieron al Ecuador como un estado de Derecho, justicia, democrático y republicano no tuvieron reparo en crear un organismo cercenando atribuciones fundamentales de las otras funciones del Estado. Lo dice el artículo 208: “Serán deberes y atribuciones del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social: 11.- “Designar a la primera autoridad de la Defensoría del Pueblo, Defensoría Pública, Fiscalía General del Estado y Contraloría General del Estado, luego de agotar el proceso de selección correspondiente... 12. Designar a los miembros del Consejo Nacional Electoral, Tribunal Contencioso Electoral y Consejo de la Judicatura, luego de agotar el proceso de selección”.

Crearon un órgano -que lo llamaron función- no electo por el pueblo sino designados por el poder del ciudadano monarca que alteraba el equilibrio de las funciones del Estado, castigando las atribuciones tradicionales de la función legislativa. Para seguridad le dieron un rango constitucional, pero cerrajearon mal la puerta - Kerkaporta- del poder. Todo estaba calculado. Solo falló una pieza: Lenin Moreno y la consulta. Pero un descuido similar lo cometió también el presidente electo cuando en la pregunta 3 no ubicó el posible cese de la Corte Constitucional. Basta evaluar, como justificativo moral y jurídico, que entre las resoluciones de este órgano resalta la aprobación de la reelección indefinida del presidente de la República; pues, no altera la estructura democrática y republicana del Estado. Ante la imposibilidad estética de convertir al primer mandatario en monarca, optaron por la vía de Chávez, Ortega, Evo y Maduro. Buenos muchachos, pero timoratos.

anegrete@elcomercio.org