Juan Cuvi

Descomposición

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Martes 20 de septiembre 2011
20 de September de 2011 00:01

La bronca por la justicia está alcanzando ribetes grotescos. Ha sido arrastrada a un cuadrilátero infra mundano, donde la ausencia de normas está legítimamente complementada por los silletazos, escupitajos y picadas de ojo de los contendientes. Esa genial parodia del conflicto que es el cachascán, de gran deleite para el público, no deja de ser burda y peligrosa, al igual que la comedia judicial montada por algunos de los principales actores políticos del país.

A la pérdida de valor de las cosas y las instituciones podría aplicársele una escala que va desde el simple y natural desgaste hasta la franca y abierta descomposición. ¿Qué ocurre en el juicio contra diario El Universo? Por obra y gracia de los serviles acólitos judiciales del Presidente, y de los antiguos propietarios de la función judicial, la imagen de la justicia está siendo empujada hacia el fondo de la escalera, a los dominios de la desvergüenza.

El procurador del diario divulga olímpicamente que ha sido abogado de algunos miembros de la familia presidencial. Sin decirlo abiertamente, reclama una especie de salvaguardia extrajudicial en la disputa que mantiene con el Presidente. El debate sobre un tema tan fundamental para la democracia, como la libertad de expresión, queda circunscrito a una pelea de esquina entre galladas rivales… pero convecinas. El país entero confinado y reducido a un juzgado de lo penal.

El abogado acusador en este juicio tiene, por lazos familiares y por filiación ideológica, una vieja y estrecha relación con quien fuera el principal líder del partido socialcristiano. Es decir, con el tutor político de la asambleísta que, siguiendo la tónica impuesta desde Carondelet en estos cuatro años, acaba de extralimitarse en insultos y agresiones al Primer Mandatario. Pelea de antiguos parceros.

El pugilato cuenta hasta con personajes dignos de los más clásicos eventos de la lucha libre. Chucky Seven no le pide favor alguno a los diabólicos enemigos de los héroes enmascarados que deleitaron nuestra infancia. Es perverso y carente de humanidad. Un rival a la altura del Santo, Blue Demon o Huracán Ramírez. El ring está servido.

Llevar la justicia a estos extremos solo tiene una explicación posible desde la lógica del oficialismo: cualquier medida alternativa siempre será mejor. Sin embargo, el gobierno no ha hecho bien los cálculos. Inyectarle 600 millones de dólares a un escenario tan podrido terminará por corromper cualquier iniciativa. El problema central de la justicia no es el dinero, sino el capital humano. Por ello, si lo que se estimula en la administración de justicia es la pendencia y el bochinche, el resultado final será una institución inmanejable.