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A un gran desafío se enfrenta el ministro Martínez al haber asumido la cartera de Finanzas, una vez transcurrido el primer año de gobierno del presidente Moreno y luego de que sus antecesores fueron personas que colaboraron con el régimen de la “década perdida”.

En efecto, un dirigente empresarial crítico permanente de la política económica de la administración Correa, que básicamente ha continuado hasta ahora, deberá aplicarse a fondo para cambiar de raíz el manejo de la economía, cortar radicalmente el gasto público, imposible de mantenerlo en los absurdos e insostenibles niveles actuales, disminuir drásticamente el irracional déficit fiscal que bordea el 8% del PIB, eliminar la voracidad púbica, cuyo resultado ha sido crear nuevos impuestos o aumentar los existentes, racionalizar la legislación tributaria que se ha convertido en un cúmulo desordenado y caótico de leyes, reformas, reformas a las reformas y reglamentos y resoluciones que muchas veces se apartan de la ley y crean mayor confusión. Y con esa base generar confianza para la inversión privada, nacional y extranjera, que permita al país encaminarse por la vía del desarrollo sostenido y el mejoramiento social.

Ha de ejercer la dirección del equipo económico alineando a todos sus integrantes a desarrollar una acción coordinada, sin contradicciones, orientado a objetivos comunes. Pero será necesario que los frentes político y externo, con instrucciones del presidente Moreno, se adhieran a la línea del gobierno, porque causan desorientación proclamas de apoyo a las más vergonzosas dictaduras de América Latina, como las de Maduro, Castro, Morales y Ortega. Todas ellas han destruido principios fundamentales de la democracia, y las de Venezuela y Cuba tienen a sus pueblos sumidos en el hambre y la escasez.

Y es más grande todavía el desafío, porque varias fuerzas autollamadas progresistas, querrán aprovecharse de los vínculos del nuevo ministro con el sector empresarial para descalificar sus propuestas a título de que favorecerán a ese sector. Bien ha dicho Martínez que una vez que ha asumido funciones públicas, será exclusivamente el interés de la Nación el que guíe sus actuaciones. Eso corresponde a un dirigente empresarial que pasa al gobierno. Y esa misma realidad deberán entender sus antiguos colegas.

El presidente Moreno, en una muestra clara de apertura y de rectificar donde hace falta, ha tomado nota de las debilidades de su gobierno al haber confiado la economía a personajes que respondían a las orientaciones de los 10 años anteriores y ha optado ahora por la ortodoxia económica que ha confirmado que es condición sine qua non para el desarrollo económico y social, más allá de la orientación política de los gobiernos. Sincerar las cifras oficiales será el paso indispensable para crear confianza dentro y fuera del país.

frosales@elcomercio.org